La fisiología de la erección en los seres humanos y su comparación con otros mamíferos revela aspectos interesantes sobre la evolución y la biología sexual. En los hombres, la erección es un proceso complejo que involucra el sistema nervioso autónomo, el cual, al ser activado en un entorno propicio para la actividad sexual, provoca un aumento en los niveles de óxido nítrico. Este compuesto actúa como un vasodilatador, facilitando el flujo sanguíneo hacia los cuerpos cavernosos del pene. A medida que la sangre fluye hacia estos cuerpos, se produce una compresión de las venas por parte de los músculos isquiocavernoso y bulboesponjoso, lo que restringe la salida de sangre y permite que el pene se llene de fluido, resultando en una erección. Este proceso puede generar presiones sanguíneas que alcanzan varios cientos de mm Hg. Cuando la estimulación cesa, la actividad parasimpática disminuye, permitiendo que la sangre sea drenada y el pene regrese a su estado de flacidez.
Problemas de erección en humanos
La incapacidad para lograr o mantener una erección puede ser experimentada como un problema significativo para los hombres, y puede estar relacionada con diversas condiciones de salud, tanto físicas como psicológicas. Las disfunciones eréctiles pueden ser consecuencia de problemas cardiovasculares, estrés, ansiedad, entre otros factores.
Comparación con otros mamíferos
En el reino animal, la erección no siempre se produce de la misma manera que en los humanos. Muchos mamíferos poseen un báculo, un hueso que se encuentra en el eje del pene y que proporciona soporte durante la cópula. Este hueso permite a los machos mantener una erección de manera más eficiente y prolongada, facilitando la penetración en cualquier momento. El báculo presenta una notable diversidad en tamaño y forma entre las distintas especies, desde estructuras casi vestigiales en algunos primates hasta longitudes de hasta 65 cm en machos de morsas.
La ausencia del báculo en humanos
Los humanos, junto con algunos otros grupos como los marsupiales y ciertos lagomorfos, carecen de este hueso. La ausencia del báculo en los hombres ha llevado a preguntas sobre su evolución. Se ha sugerido que la pérdida del báculo podría estar relacionada con cambios en las estrategias reproductivas, especialmente en poblaciones donde la selección sexual postcopulatoria es intensa. En especies de primates polígamas, se ha observado que los machos con báculos más largos tienen una ventaja en la competencia por la fertilización, ya que pueden prolongar el coito y mantener a la hembra ocupada, reduciendo así las oportunidades de otros machos.
Evidencia evolutiva
Un experimento con ratones ha demostrado que en condiciones de monogamia, el tamaño del báculo se reduce a lo largo de varias generaciones, sugiriendo que la presión de selección a favor del báculo disminuye en contextos monógamos. Además, se ha documentado que hace aproximadamente dos millones de años, se produjo una delección en el cromosoma que contenía la secuencia de ADN responsable del báculo en los homininos, lo que coincide con la separación evolutiva de los ancestros de los chimpancés y bonobos, que aún poseen este hueso.
Implicaciones de la pérdida del báculo
La desaparición del báculo en los humanos podría indicar un cambio hacia una estructura social más monógama, lo que a su vez habría reducido la competencia sexual postcopulatoria. Esto plantea interrogantes sobre las implicaciones de esta evolución, tanto para hombres como para mujeres. Aunque la falta de un báculo puede parecer una desventaja para los hombres, ya que dependen de la función del sistema vascular para la erección, también se puede argumentar que la monogamia ha simplificado el objetivo reproductivo, centrando la actividad sexual en la eyaculación.

