La civilización se ha medido a menudo por sus adornos y la capacidad de crear objetos que, aunque no tengan una función práctica, reflejan la humanidad. Este concepto se ha discutido en el contexto de la cultura y su relevancia en la vida de las personas. En el año 2024, se ha reavivado el debate sobre el papel de la cultura y su importancia en la sociedad contemporánea. La pregunta que surge es si realmente importa si leemos buenos libros o si pasamos tiempo en soledad reflexionando. ¿Es útil para nosotros? ¿Nos beneficia de alguna manera estar inmóviles frente a una obra de arte, observando los detalles y sintiendo la conexión con el pasado, a pesar de la distancia temporal y espacial?
La reflexión sobre la cultura y su función se vuelve más profunda cuando se considera que, a pesar de los tiempos difíciles, los seres humanos no son meros animales luchando por la supervivencia, sino que buscan reconocer sus emociones y conectar con los demás. La experiencia de viajar, de caminar, de escuchar música o de ver cine, se convierte en una forma de explorar la humanidad compartida. La música, por ejemplo, puede evocar sentimientos de amor y conexión, como lo expresa la canción “No arrepiento amor”, que habla de la pasión y de las relaciones inesperadas.
El escritor portugués José Saramago, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998, solía afirmar que “la literatura no tiene ninguna función”. Esta provocativa declaración invita a cuestionar la utilidad de la literatura y el arte en general. Saramago argumentaba que, a diferencia de un tenedor, que tiene una función clara, la literatura y el arte pueden no tener un propósito utilitario evidente. Sin embargo, su capacidad para consolar, divertir o provocar reflexión es innegable.
El pensador Zygmunt Bauman, en su obra “Mundo de la modernidad líquida”, señala que el “proyecto ilustración” otorgaba un estatus a la educación como herramienta fundamental para la construcción de una nación. Este proceso, que se intensificó tras la Revolución Francesa, buscaba crear ciudadanos informados y capaces de dirigir sus destinos. Sin embargo, Bauman también advierte que esta idea puede ser una falacia, ya que no se puede esperar que las personas con el estómago vacío se preocupen por la cultura.
Un ejemplo significativo de la relación entre cultura y crisis se observa en Argentina durante el estallido social de 2001. A pesar de la pobreza, la Feria del Libro se convirtió en un éxito de ventas, reflejando la necesidad de identidad y pertenencia cultural. La novela de Almudena Grandes sobre la Guerra Civil Española resonó con los lectores, quienes buscaban en la literatura una conexión con su historia y su lengua. La educación se convirtió en un lema repetido, una consigna que prometía la posibilidad de un futuro mejor, aunque muchos se encontraban en situaciones precarias.
La traductora Sunme Yoon ha comentado sobre el papel del capitalismo en la literatura, señalando que la traducción de obras literarias es un negocio que debe adaptarse a las demandas del mercado. Esto plantea la cuestión de cómo los productos culturales son seleccionados y expuestos en un contexto económico que a menudo prioriza el beneficio sobre el valor artístico.
El escritor argentino César Aira ha expresado que la literatura y el arte son “algo más” que necesidades básicas como la comida o el sueño. La cultura tiene el poder de conectar a las personas, de hacerlas sentir y de permitirles experimentar la vida a través de los ojos de otros. La experiencia de sumergirse en una historia o en una obra de arte puede ser transformadora, desafiando las barreras que nos separan y permitiéndonos explorar la complejidad de la condición humana.
En un evento en el Centro Cultural Recoleta, una obra de arte dejó una impresión duradera en los espectadores. Una piedra negra, irregular y rajada, evocó una sensación de fragilidad y fortaleza al mismo tiempo. Este tipo de experiencias artísticas nos recuerda que, a pesar de las dificultades, el arte tiene la capacidad de conmover y de provocar una reflexión profunda sobre nuestra existencia y nuestras emociones.

