La reciente despedida de Beatriz Sarlo ha generado un profundo impacto en el ámbito cultural argentino, destacando su influencia y legado en diversas disciplinas. Desde el año 2002, José Miguel Onaindia, abogado y gestor cultural, ha mantenido una relación cercana con Sarlo, que se inició en el Tortoni, donde ambos discutieron propuestas de reforma constitucional. Esta relación se caracterizó por un trato afable, cimentado en sintonías de pensamiento y gusto, así como en la frecuencia de sus encuentros.
Influencia en la escritura y el pensamiento
Las obras de Beatriz Sarlo, tales como La máquina cultural y Pasiones argentinas, han dejado una huella significativa en la escritura de Onaindia, quien reconoce que su trabajo ha sido una guía constante en sus libros y artículos. Sarlo se destacó por su lucidez y su formación teórica, que le permitieron ser una hábil polemista tanto en el ámbito público como en conversaciones privadas. Su capacidad para producir una fundamentación sólida fue evidente en su análisis de la cultura argentina, abordando temas desde una variedad de puntos de vista.
Interés por las artes y la cultura
La literatura fue una de las disciplinas centrales en la vida de Sarlo, aunque su interés abarcó todas las formas de creación artística. Era una cinéfila apasionada, asistía frecuentemente al teatro independiente y militaba en la música contemporánea, siendo una presencia habitual en eventos culturales como el BAFICI y el ciclo de Música Contemporánea. Su figura se convirtió en un referente de alta visibilidad pública, participando activamente en artículos de grandes medios de comunicación y en programas de televisión de gran audiencia.
Compromiso social y político
Sarlo no solo se limitó a la crítica cultural, sino que también reivindicó la unión y la acción, buscando iluminar problemas concretos de la realidad. Su participación en actos, marchas y movimientos en defensa de principios y derechos fue constante. A pesar de su interés por la política, Sarlo se esforzó por ser correcta en un contexto social que a menudo se presenta en blanco y negro, donde la sutileza de sus matices no siempre fue bien comprendida. Algunas de sus posturas públicas le valieron el alejamiento de críticos que habían sido colegas cercanos, lo que demuestra su valentía al asumir riesgos.
Legado y contribuciones
Su célebre frase “conmigo no, Barone” en el polémico programa televisivo 6,7,8 es un ejemplo de su disposición a enfrentar la controversia, lo que le costó la simpatía de algunos de sus cercanos. A pesar de esto, su obra se considera monumental e imprescindible, no solo para el estudio de la cultura argentina, sino también para entender los vaivenes de la universalidad en nuestro tiempo. Sus reflexiones sobre la posmodernidad, la vida urbana y su visión de la Argentina son insoslayables para quienes buscan interpretar la complejidad de estos temas, y sus contribuciones son valiosas incluso para aquellos que disienten de sus ideas.
Una figura central en la vida cultural
La presencia de Beatriz Sarlo en la vida cotidiana de quienes la conocieron fue enriquecedora. Intercambiar anécdotas sobre libros, conciertos o películas en algún café porteño era habitual, así como compartir su pasión por los gatos y su interés por el tenis, deporte que practicó en un club del barrio Caballito. Su atención hacia la opinión de los demás y su capacidad para abordar problemas desde un punto de vista jurídico también la caracterizaban.
Sarlo fue una promotora de nuevos talentos en todas las áreas, brindando apoyo y siendo un puntapié inicial para el descubrimiento de jóvenes que iniciaban su camino en las artes. Su personalidad porteña y su capacidad para disfrutar de las contradicciones de la ciudad la convirtieron en una figura emblemática. A partir de hoy, la ciudad carecerá de la luz que ella supo descubrir y alumbrar.
José Miguel Onaindia, quien fue director de la Comedia Nacional de Uruguay y exdirector del Incaa Centro Cultural Rojas, rinde homenaje a su legado y a su influencia en la cultura argentina.

