El cáncer se posiciona como una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2023 se registraron aproximadamente 19,3 millones de nuevos casos de cáncer y cerca de 9,9 millones de muertes atribuibles a esta enfermedad. Entre los diferentes tipos de cáncer, el de pulmón se destaca por su alta letalidad, siendo responsable de 1,8 millones de decesos anuales, lo que representa el 18% de todas las muertes por cáncer. Esta elevada incidencia se relaciona con diagnósticos tardíos y factores de riesgo prevenibles, siendo el tabaquismo el principal, responsable del 85% de los casos, según datos recientes de la OMS.
En este contexto, los avances en la medicina de precisión están transformando el paradigma del tratamiento del cáncer de pulmón, que ahora abarca subtipos y características moleculares específicas. Los biomarcadores juegan un papel crucial al permitir la identificación de mutaciones genéticas clave, lo que facilita la aplicación de tratamientos dirigidos, como los inhibidores del receptor EGFR. En Argentina, el impacto del cáncer de pulmón es preocupante, con más de 12.000 casos y 8.438 muertes notificadas en 2022, según el Ministerio de Salud. Aunque esta enfermedad afecta principalmente a hombres, las tasas de mortalidad en mujeres han mostrado un incremento significativo en las últimas décadas.
Los síntomas más comunes del cáncer de pulmón incluyen tos persistente, dolor torácico y pérdida de peso, que suelen manifestarse en fases avanzadas de la enfermedad, lo que reduce las probabilidades de un diagnóstico temprano. La doctora Carmen Pupareli (MN 101.212) del Instituto Alexander Fleming señala: “La tomografía computarizada de baja dosis detecta la enfermedad en sus etapas iniciales y mejora los índices de supervivencia”. Los biomarcadores han transformado la forma en que se ofrece información precisa sobre los tumores. Estas herramientas pueden incluir genes, proteínas, metabolitos y parámetros fisiológicos o anatómicos que aportan objetivos sobre procesos biológicos normales y patogénicos, así como la respuesta a intervenciones farmacológicas. En términos sencillos, se trata de un sistema de alertas que proporciona señales específicas sobre cómo un paciente puede reaccionar a un determinado tratamiento.
Entre los biomarcadores relevantes se encuentra el gen EGFR, presente en el 22% de los casos de cáncer de pulmón no microcítico, el subtipo más frecuente. Las alteraciones en este gen son más comunes en mujeres y en personas fumadoras de origen asiático. Otros biomarcadores como ALK (5%), ROS-1 (2%) y BRAF y K-RAS g12c (14%) también desempeñan un papel crucial en la elección de medicamentos específicos para combatir la enfermedad. La identificación de estos biomarcadores depende de técnicas avanzadas de laboratorio.
El doctor Ariel Perelsztein, director de asuntos médicos regulatorios de Johnson & Johnson para Latinoamérica Sur, afirma: “Esta detección no solo incrementa las posibilidades de éxito terapéutico, sino que también evita el uso de tratamientos ineficaces”. Por su parte, el doctor Nicolás Castagneris (MP 33.180/9), oncólogo del Sanatorio Allende y de la Clínica Reina Fabiola en Córdoba, destacó que “la secuenciación génica de nueva generación es una herramienta para detectar inserciones complejas en el exón 20”. Este método permite analizar múltiples genes de manera simultánea, proporcionando una guía terapéutica precisa. Los análisis pueden realizarse mediante biopsias de tejido o líquidas. Las biopsias de tejido extraen directamente del tumor, mientras que las líquidas detectan el ADN tumoral circulante en sangre, ofreciendo una alternativa menos invasiva. “Las biopsias líquidas son útiles para monitorear la progresión y evaluar el tratamiento, lo que fortalece el seguimiento de los pacientes”.
En el contexto argentino, los pacientes enfrentan limitaciones relacionadas con el acceso a pruebas avanzadas. Aunque estas pruebas ofrecen mejores resultados, no todos los pacientes cuentan con los recursos necesarios para acceder a ellas. Garantizar un acceso amplio a estas tecnologías resulta esencial para reducir la mortalidad asociada y mejorar la calidad de vida y la sobrevida de los pacientes. En un escenario donde las tasas de mortalidad son altas, la implementación masiva de estas tecnologías podría marcar una diferencia significativa.
La prevención temprana es un pilar fundamental en la lucha contra el cáncer de pulmón, que está estrechamente vinculada al tabaquismo. La OMS indica que las medidas para crear entornos libres de humo, las campañas educativas y los programas de cesación son esenciales para disminuir este factor de riesgo. Además del consumo de tabaco, otros factores como la contaminación ambiental y la exposición a productos químicos en el trabajo también contribuyen al desarrollo de la enfermedad. Por lo tanto, se requieren esfuerzos coordinados entre gobiernos, instituciones y la sociedad civil para promover ambientes saludables. Las normativas que limiten los contaminantes, junto con una mayor fiscalización, son necesarias para prevenir numerosos casos de cáncer.
El diagnóstico temprano es otra estrategia clave para mejorar la supervivencia. La tomografía computarizada de baja dosis (LDCT) ha demostrado ser eficaz en la detección de cáncer de pulmón en estadios iniciales. Este cribado está indicado para personas de alto riesgo, como fumadores actuales y exfumadores, y ha demostrado ser capaz de detectar la enfermedad significativamente antes de que aparezcan los síntomas clínicos. Es fundamental que este enfoque integral combine la lucha contra el tabaquismo, la regulación de contaminantes y la promoción de controles accesibles en el país.
El diagnóstico del cáncer de pulmón enfrenta desafíos importantes, ya que la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas, lo que limita las opciones de tratamiento y reduce el éxito de los mismos. La medicina molecular y el diseño de tratamientos personalizados son esenciales para optimizar los recursos disponibles. De acuerdo con los expertos, “un enfoque integral transformaría el manejo del cáncer en el país”. Otros factores, como los carcinógenos ambientales y ocupacionales, incrementan el riesgo de desarrollar cáncer, lo que plantea una oportunidad única para cambiar el panorama mediante la incorporación de nuevas terapias e inmunoterapia, que han demostrado claros beneficios. La investigación en oncología continúa evolucionando y sigue siendo un área activa de estudio.

