Un estudio reciente revela que un 32% de los 49.663 trabajadores encuestados en todo el país el año pasado considera que existe una “alta” probabilidad de que la organización en la que laboran se vea involucrada en escándalos de corrupción o faltas a la integridad. Esta información proviene del Barómetro de Valores e Integridad Organizacional, elaborado por la Fundación Generación Empresarial (FGE), que incluye principalmente a empresas del sector privado, aunque también a algunas entidades del ámbito público.
Percepción de la corrupción en las organizaciones
El dato mencionado se ha mantenido en niveles similares desde 2021, a pesar de que a nivel directivo se ha intentado posicionar la probidad como un eje central en las acciones organizacionales. En contraste, ha disminuido notablemente el porcentaje de trabajadores que perciben el riesgo de corrupción como “bajo”. En 2020, esta cifra alcanzaba el 70%, mientras que en 2023 se redujo al 47%. Además, un 9% de los encuestados considera que el riesgo es moderado, y un 12% no sabe o no respondió a la pregunta.
La gerenta general de FGE, Francisca Martin, comentó que este fenómeno está relacionado con una mayor conciencia y exigencia de los trabajadores en cuanto a la ética en el trabajo. También se vincula con un contexto nacional caracterizado por casos de corrupción de gran relevancia, tanto en el sector privado como en el público, que han afectado la confianza en las instituciones. Martin enfatizó que “este es un llamado de alerta para las organizaciones, no solo en relación con reforzar sus protocolos y modelos de prevención de conductas antiéticas y su aplicación, sino sobre todo también con capacitar y comunicar de forma permanente a los equipos sobre la cultura de integridad y compliance, los valores y el nivel de compromiso de los liderazgos”.
Impacto del estallido social en la percepción ética
La líder en inteligencia de datos de FGE, Consuelo Correa, añadió que el estallido social y el contexto posterior han generado “una mirada más crítica y exigente sobre la conducta ética en el ámbito laboral, reflejando una inquietud latente: aunque una gran mayoría percibe que sus organizaciones actúan correctamente, crece también la atención sobre posibles riesgos de incumplimientos éticos, que podrían comprometer la confianza en el entorno actual”.
Acciones contra la corrupción en las organizaciones
A pesar de los resultados que indican una preocupación por la corrupción, la mayoría de los encuestados cree que las empresas están tomando medidas al respecto. De hecho, un 72% de los participantes en la encuesta afirmó que sus organizaciones combaten “activamente” la corrupción, lo que representa un ligero aumento respecto al 71% registrado en 2022. Esta preocupación se refleja en la disminución de personas que han observado algún incumplimiento o transgresión a la probidad en sus organizaciones. En 2018, el 48% de los encuestados reportó haber visto algún acto cuestionable, cifra que se redujo al 4% en 2023.
Además, entre aquellos que han presenciado algún hecho cuestionable, ha aumentado el número de quienes se atreven a denunciar. En 2019, un 29% de los que vieron un hecho denunciaron, cifra que subió al 39% en 2022 y se mantuvo en un 38% el año pasado. En cuanto a la respuesta a las denuncias, un 29% de los encuestados indicó que no recibió información sobre el resultado de su denuncia, un 17% mencionó que se le notificó que se investigó el caso, pero no se le informó del resultado, y solo un 33% indicó que su denuncia fue investigada y resuelta. Un 8% recibió solo la confirmación de la recepción de la denuncia, y un 5% fue informado de que la denuncia no correspondía a una transgresión.
Represalias tras las denuncias
El estudio de FGE también reveló que, aunque son pocos los encuestados que reportaron sufrir represalias tras realizar una denuncia, la cifra se ha mantenido estable desde 2021. En 2020, el porcentaje fue del 21%, en 2021 del 22%, en 2022 del 24% y en 2023 nuevamente del 22%.
Francisca Martin, gerente general de FGE, destacó que los resultados subrayan que “la capacitación permanente, la transparencia y una difusión oportuna de las decisiones, valores y normas contribuyen significativamente al compromiso de los empleados con la ética organizacional y a la confianza en las instituciones, y contribuyen a que haya una menor visualización de incumplimientos o transgresiones”. Además, enfatizó que un factor clave para fomentar el compromiso de los equipos internos con una cultura de integridad es que “los directivos actúen dando el ejemplo y difundan sus acciones y comportamientos, lo que produce un alineamiento con los equipos”.

