El impacto del trauma infantil en la salud y bienestar en la vejez, según un estudio de la Universidad de California.
Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que las consecuencias de los traumas infantiles pueden tener un impacto duradero en la vida de una persona, incluso hasta sus últimos días. Según el Dr. Ashwin Kotwal, autor principal del estudio y miembro de la división de geriatría del Centro Médico VA de la Universidad de California en San Francisco, “hallamos que el trauma temprano, en particular el abuso físico por parte de los padres, se relacionaba fuertemente con el dolor al final de la vida, la soledad y los síntomas depresivos”.
El estudio, que analizó datos de aproximadamente 6,500 estadounidenses mayores de 50 años que fallecieron entre 2006 y 2020, reveló que la edad media de fallecimiento fue de 78 años. Los participantes completaron cuestionarios sobre sus experiencias y su bienestar psicosocial, y fueron entrevistados cada vez que un miembro de la familia o un amigo proporcionó información sobre el último año de vida del fallecido. De los participantes, un 25% había experimentado algún tipo de trauma durante su infancia, que incluía la exposición a familiares con problemas de alcohol o problemas legales.
Una de las fuentes más comunes de trauma infantil identificadas en el estudio fue el retraso en el grado escolar. Además, se observó que las enfermedades potencialmente mortales de un cónyuge o un hijo eran una de las causas más frecuentes de muerte en la edad adulta. Otras fuentes menos comunes de trauma incluyeron la muerte de un hijo o pareja, así como la supervivencia a desastres naturales o la participación en combates armados. A lo largo del estudio, se encontró que entre el 80% y el 90% de los participantes habían experimentado algún tipo de trauma, mientras que un tercio había experimentado tres o más eventos traumáticos.
Kate Duchowny, primera autora del estudio y miembro del Instituto de Investigación Social de Michigan, comentó que “se mete debajo de la piel”. Además, explicó que “sabemos que esto se asocia con la depresión y la ansiedad, y podría promover un ambiente proinflamatorio que contribuye a afecciones crónicas”. La investigación también indicó que el estrés persistente puede provocar inflamación, lo que tiene efectos adversos para la salud a lo largo de la vida. De hecho, los participantes que informaron no haber sufrido traumas en su infancia tenían una probabilidad del 24% de tener una vida más fácil en comparación con el 40% de aquellos que habían experimentado cinco eventos traumáticos.
El grupo que no había sufrido traumas también era propenso a sentirse solo, con un 12% de probabilidades de experimentar soledad moderada a severa, en comparación con el 22% de aquellos que habían tenido experiencias traumáticas en su pasado. Estos hallazgos fueron publicados en la edición de la revista Journal of the American Geriatrics Society.
La Dra. Kotwal enfatizó que “lo que esto nos dice a nosotros, como proveedores, es que debemos ver las necesidades del paciente a través de la lente del trauma”. Ella destacó que “cerca del final de la vida, las personas experimentan ‘dolor total’, que puede ser espiritual, psicológico y físico, y que da forma a esa experiencia total de dolor”. Un psicólogo, capellán o trabajador social puede ayudar a aliviar este sufrimiento, añadió.
Chelsea Brown, coautora del estudio y ex trabajadora de la División de Medicina Paliativa, comentó que “quizá aprendamos que los sufrimientos subyacentes están relacionados no solo con la enfermedad, sino también con la ansiedad y la angustia que conllevan la pérdida de control sobre el propio cuerpo”. Además, mencionó que para una persona que ha experimentado traumas, esto puede servir como un recordatorio de experiencias dolorosas que pueden revivirse de muchas maneras. La Red Nacional de Estrés Traumático Infantil (National Child Traumatic Stress Network) ofrece recursos y apoyo para aquellos que han sufrido traumas en su infancia.

