
Investigadores del Instituto Weizmann revelan cómo la actividad humana debilita la circulación atmosférica, intensificando sequías y olas de calor globales.
El Instituto Weizmann de Ciencias, ubicado en Rejovot, Israel, ha llevado a cabo investigaciones que abordan el fenómeno del calentamiento global y sus efectos en los patrones climáticos. Durante el verano de 2024, se registraron temperaturas elevadas, lo que se ha convertido en una tendencia preocupante a nivel mundial. Los veranos han mostrado un aumento en las temperaturas y una disminución en la humedad, lo que ha resultado en sequías severas y olas de calor en regiones como América del Norte y Europa. Estos cambios climáticos presentan riesgos significativos para la sociedad, incluyendo el aumento de incendios forestales, la pérdida de cosechas y problemas de salud pública.
Los investigadores han identificado que una de las causas de estos fenómenos es el debilitamiento de los sistemas de circulación del aire en la Tierra, que son fundamentales para la distribución de la humedad. Sin embargo, hasta ahora no se habían determinado las razones exactas detrás de este debilitamiento. Dos estudios recientes, dirigidos por el Dr. Rei Chemke del Instituto Weizmann, han logrado arrojar luz sobre este asunto, centrándose en la actividad humana y su impacto en el estado del aire.
Ambos estudios examinaron los patrones de viento y cómo estos interactúan en una red vital que transporta y distribuye el aire. Un aspecto crucial de esta red son las trayectorias de las tormentas, que se mueven de áreas de alta presión a áreas de baja presión, desde el oeste hacia el este. Estas tormentas desempeñan un papel significativo en la transferencia de calor y en el flujo de aire dentro de la atmósfera, lo que a su vez afecta diversas zonas climáticas en el planeta. La circulación de Hadley, que transporta aire cálido desde el ecuador hacia los polos y desciende en los subtrópicos antes de regresar al ecuador, es un componente esencial de este sistema. Aunque la circulación de Hadley ha estado disminuyendo desde 1980, el debilitamiento observado se había vinculado principalmente a las emisiones inducidas por el ser humano.
El estudio realizado por el profesor Dim Coumou de la Vrije Universiteit Amsterdam reveló que la debilidad de las tormentas está relacionada con el aumento de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y los aerosoles. Chemke afirmó que “Estas calientan las latitudes altas y bajas”, lo que resulta en una reducción de la diferencia de temperatura entre el hemisferio norte y el sur, y, por ende, en una disminución de la intensidad de las tormentas. Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron grandes volúmenes de datos climáticos y utilizaron modelos climáticos avanzados. Solo al incluir cálculos históricos pudieron explicar las observaciones realizadas. Los hallazgos fueron publicados en la revista npj Climate and Atmospheric Science, donde se destacó que “Las tormentas desempeñan un papel crucial en llevar el frío del océano a la tierra”. Chemke advirtió que “Si se reduce la intensidad de las tormentas, esto conduce a una acumulación de temperaturas cálidas en el continente, lo que puede dar lugar a episodios extremos”.
Además, el impacto humano en el clima ha tomado una forma históricamente sin precedentes. En comparación con factores del pasado, la magnitud de la influencia humana actúa en dirección opuesta, debilitando en lugar de fortalecer los sistemas climáticos. Esta conclusión fue parte de un segundo estudio, publicado en Nature Communications, en el que Chemke colaboró con su estudiante Or Hess. “No tenemos registros de vientos del último milenio, por lo que no podemos simplemente observar el pasado y compararlo con el presente, pero hay buenas reconstrucciones que impulsan los modelos climáticos”, explicó Hess. Utilizando simulaciones, los investigadores pudieron investigar cómo factores naturales, como erupciones volcánicas y flujos solares, modificaron el clima en siglos pasados. Los resultados indicaron que estos factores actuaron para fortalecer la circulación, en marcado contraste con la situación actual, donde la circulación se debilita continuamente.
Los resultados sugieren que el fortalecimiento natural que se observó en el pasado ha sido revertido. “En el milenio anterior, los factores naturales eran dominantes, mientras que ahora la influencia humana es la que predomina”, señalaron. “Antes, teníamos un enfriamiento que actuaba sobre la circulación de Hadley. Hoy, el calentamiento está debilitando esa circulación”. Las fuerzas que afectan el clima merecen atención, ya que a menudo se centran en aspectos climáticos, pero los nuevos hallazgos muestran que los factores naturales siguen teniendo un papel relevante. “Nuestro enfoque se centra en el origen humano del calentamiento climático. Se presta atención a las erupciones volcánicas, fluctuaciones solares o fuentes de gases de efecto invernadero”, concluyó Chemke, subrayando que “aunque hemos descubierto que estos factores pueden tener un impacto, parece que su efecto es opuesto al de la influencia humana, lo que resulta sorprendente”.