
El Galaxy Z Flip 7 de Samsung marca un hito en la evolución de los teléfonos plegables, consolidándose como un dispositivo premium y funcional. En 2020, cuando se lanzó el primer modelo, el Galaxy Z Flip, la industria de la telefonía móvil se encontraba en un punto de incertidumbre respecto a la viabilidad de los teléfonos plegables. Este dispositivo, que se doblaba por la mitad, evocaba la nostalgia de los antiguos teléfonos clamshell, y contaba con una pantalla principal de 6,7 pulgadas y un pequeño display externo de 1,1 pulgadas, diseñado para mostrar la hora y notificaciones rápidas.
Las primeras reseñas del Z Flip destacaron su factor sorpresa, ya que abrirlo en público atraía miradas curiosas. La pantalla AMOLED ofrecía una buena calidad de imagen, y el modo “Flex” permitía dividir la interfaz en dos, facilitando su uso en diferentes ángulos. Sin embargo, el dispositivo presentaba limitaciones significativas, como la fragilidad de la pantalla plegable, una batería de 3,300 mAh que no duraba todo el día, y un precio elevado que lo posicionaba al nivel de los modelos más caros de la época. A pesar de estas deficiencias, el Z Flip demostró que Samsung podía crear un dispositivo plegable funcional, aunque imperfecto, lo que inspiró a otras marcas, como Motorola, a revivir modelos icónicos como el Moto Razr.
Con cada nueva versión del Flip, Samsung realizó ajustes significativos: incrementó la potencia, mejoró las cámaras, amplió el tamaño de la pantalla externa, perfeccionó la bisagra y aumentó la resistencia del dispositivo. La evolución más notable se observó en el Flip 3, que ganó popularidad gracias a su pantalla externa más funcional. Posteriormente, el Flip 4 y el Flip 5 refinaron la duración de la batería y las capacidades de multitarea, mientras que el Flip 6 introdujo pantallas externas realmente utilizables. Samsung comprendió que el éxito no solo residía en la capacidad de plegar el teléfono, sino en permitir que los usuarios no tuvieran que abrirlo constantemente.
El Galaxy Z Flip 7, lanzado en 2025, representa la culminación de esta evolución. A simple vista, se evidencia que Samsung ha logrado crear un dispositivo que ya no se percibe como un experimento, sino como un teléfono premium con una identidad definida. Uno de los cambios más destacados es la pantalla externa, que ahora cuenta con un panel de 4,1 pulgadas, una tasa de refresco de 120 Hz y un brillo de hasta 2,600 nits. Esta pantalla externa no es meramente decorativa; permite a los usuarios responder mensajes, utilizar aplicaciones básicas, controlar la música y acceder a funciones de inteligencia artificial sin necesidad de abrir el dispositivo, abordando así una de las críticas más severas al modelo original.
En el interior, la pantalla principal ha crecido hasta 6,9 pulgadas, también con una tasa de refresco de 120 Hz y bordes más delgados, lo que proporciona una experiencia más inmersiva y cómoda. La bisagra, denominada Armor FlexHinge, ofrece una sensación de solidez, mientras que el marco está fabricado con aluminio reforzado. Además, el dispositivo cuenta con una clasificación de resistencia IP48, lo que proporciona mayor tranquilidad frente al polvo y las salpicaduras.
Samsung ha logrado transformar lo que muchos consideraron un experimento costoso en una categoría de dispositivos con identidad propia. El Galaxy Z Flip ya no es solo un teléfono plegable, sino un producto que ha evolucionado, aprendiendo de sus errores y consolidándose con su séptima generación.