Un asteroide denominado 2025 PN7 ha sido objeto de atención tras su descubrimiento el año pasado, aunque no representa una segunda luna para la Tierra, como algunos han especulado. Este pequeño asteroide, que no está gravitacionalmente ligado a nuestro planeta, es clasificado como un cuasi-satélite debido a su órbita temporal que puede dar la impresión de que orbita la Tierra.
César Fuentes, astrónomo investigador asociado del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y académico del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, explica que estos objetos parecen orbitar la Tierra, pero en realidad están en órbita alrededor del Sol. Este fenómeno puede durar desde unos pocos meses hasta siglos. En el caso de 2025 PN7, su órbita está en resonancia uno a uno con la Tierra, lo que significa que completa su período de traslación en un tiempo muy similar al del planeta, generando la ilusión de un vínculo gravitacional.
Fuentes aclara que 2025 PN7 no es la primera vez que se descubre un cuasi-satélite, ya que existen más de una decena de objetos con órbitas similares a la de la Tierra. Sin embargo, estos asteroides eventualmente cambian su trayectoria y dejan de estar cerca del planeta. El experto enfatiza que 2025 PN7 no está ligado gravitacionalmente a la Tierra ni tiene una órbita estable como la Luna, y se encuentra a una distancia considerablemente mayor que la que separa a nuestro planeta de su satélite natural.
La mayoría de estos cuasi-satélites son restos de la formación del Sistema Solar, provenientes del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Con el tiempo, sus órbitas pueden alterarse, permitiéndoles acercarse temporalmente a la Tierra, como es el caso de 2025 PN7.
Este asteroide, que mide entre 18 y 36 metros de diámetro, es demasiado pequeño y poco brillante para ser observado a simple vista o con telescopios amateurs, requiriendo el uso de telescopios profesionales y programas de monitoreo para su detección. Además, Fuentes asegura que 2025 PN7 no representa una amenaza para la Tierra, ya que incluso en un escenario de impacto, las consecuencias serían muy localizadas y sin efectos globales debido a su reducido tamaño.

