A más de cinco años del inicio de la pandemia de COVID-19, un estudio de la Universidad de La Frontera (UFRO) revela que el virus ha dejado huellas metabólicas en los pacientes, con un aumento del riesgo de resistencia a la insulina y un mayor requerimiento de medicamentos para el control del colesterol, incluso 18 meses después de la infección.
El estudio, que incluyó a 327 adultos, de los cuales 196 habían tenido COVID-19 y 131 no, mostró que el 74% de los nuevos casos de resistencia a la insulina se registraron en personas que habían estado expuestas al virus. El director del proyecto, Álvaro Cerda, del Centro de Excelencia en Medicina Traslacional de la UFRO, destacó que “los resultados son amplios y muestran que incluso en cuadros leves, el COVID-19 dejó huellas metabólicas detectables a 18 meses”.
Estas huellas metabólicas sugieren que incluso aquellos que experimentaron síntomas leves o fueron asintomáticos pueden enfrentar alteraciones persistentes que incrementan su riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en el futuro. El análisis, que abarcó participantes de Temuco, Santiago y Punta Arenas, no encontró diferencias significativas en los patrones de riesgo cardiometabólico entre las distintas regiones, lo que indica que este fenómeno es común en la población adulta chilena.
El Dr. Cerda enfatizó que la infección por SARS-CoV-2 debe ser considerada un factor de riesgo cardiometabólico, lo que requiere un seguimiento continuo del perfil lipídico y de glucosa, así como la promoción de hábitos saludables para prevenir enfermedades cardiovasculares en los próximos años. Como parte de este proyecto, se elaboró un Manual de Recomendaciones para los equipos de salud, que incluye la implementación de un control metabólico sistemático en personas con antecedentes de COVID-19.
El manual sugiere realizar mediciones periódicas de glicemia, hemoglobina glicosilada (HbA1c) y perfil lipídico, así como evaluar la resistencia a la insulina mediante índices como HOMA-IR. Además, se recomienda intervenir tempranamente en el estilo de vida y fomentar la educación para el autocuidado.
El investigador también aconseja priorizar el seguimiento en personas que hayan tenido COVID-19, incluso si fue leve, y que presenten factores de riesgo como sobrepeso, sedentarismo o antecedentes familiares de diabetes y enfermedades cardiovasculares. La evidencia sugiere que las alteraciones metabólicas pueden aparecer hasta un año después de la infección, aunque se desconoce la duración exacta del riesgo a largo plazo, por lo que el equipo planea continuar observando a la cohorte más allá de los 18 meses iniciales.

