
El sueño es vital para la salud. Durante la noche, el cerebro realiza funciones esenciales como la limpieza de toxinas y la consolidación de recuerdos.
Cada noche, al cerrar los ojos y entregarnos al sueño, nuestro cuerpo entra en un estado de reposo. Sin embargo, el cerebro, que es el centro de nuestra conciencia, se mantiene sorprendentemente activo. Durante el descanso, este órgano emprende un complejo viaje de renovación y aprendizaje, lo cual es vital para nuestra salud y bienestar. La pregunta que surge es: ¿qué sucede exactamente mientras dormimos? La respuesta a esta interrogante revela un intrincado mundo de conexiones neuronales, limpieza interna y sueños llenos de emociones. El sueño es esencial para la supervivencia humana, al igual que la comida y el agua.
Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM), sin sueño, no podemos formar ni mantener las conexiones neuronales que nos permiten aprender, crear nuevos recuerdos y responder rápidamente a estímulos externos. Además, la falta de sueño dificulta la concentración y la capacidad de tomar decisiones, lo que subraya la importancia de este proceso en la función cerebral. Durante el sueño, el cerebro no solo permanece activo, sino que también lleva a cabo funciones críticas. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) han señalado que varias estructuras cerebrales están involucradas en este proceso y desempeñan un papel crucial en la eliminación de toxinas que se acumulan mientras estamos despiertos. De hecho, el profesor de neurología David Raizen de la Universidad de Pensilvania ha afirmado que “cada animal en el planeta que hemos observado cuidadosamente ha mostrado necesidad de dormir”, lo que sugiere que esta necesidad ha persistido a lo largo de la evolución.
El ciclo del sueño humano se divide en dos tipos básicos: el sueño REM (movimiento ocular rápido) y el sueño no REM. El sueño REM está asociado con patrones específicos de ondas de actividad neuronal. Durante el sueño no REM, el cuerpo pasa por varias fases que incluyen una desaceleración. En la primera fase, se prepara el cuerpo para la disminución y la relajación de los músculos. En la segunda fase, la temperatura corporal desciende y el ritmo cardíaco y la respiración se vuelven más lentos, mostrando una mayor lentitud. La tercera fase es el sueño profundo, que es fundamental para despertar con una sensación de renovación. En esta fase, el cuerpo alcanza un estado de relajación mínima, lo que permite que se recupere completamente. Por otro lado, el sueño REM se asemeja a la vigilia, ya que es durante esta fase cuando ocurren la mayoría de los sueños, y el cerebro procesa e interpreta imágenes, sonidos y emociones que dan forma a nuestras experiencias oníricas. Durante el sueño REM, el tronco encefálico envía señales para relajar los músculos del cuerpo, evitando movimientos bruscos mientras soñamos. Además, se activa el tálamo, una estructura que regula la corriente eléctrica y controla la información sensorial que llega a la corteza cerebral, responsable de interpretar dicha información.
El cerebro, incluso en estado de vigilia, consume energía y genera subproductos que deben ser eliminados para evitar daños. Especialmente durante el sueño profundo, se realiza un “lavado” mediante una mezcla de líquido cefalorraquídeo y sangre, lo que ayuda a eliminar estas sustancias. Un estudio publicado en la revista Science en 2019 reveló que este proceso podría ser clave para prevenir enfermedades neurológicas como el Alzheimer y otros trastornos relacionados.
La relación entre el sueño y la memoria es intrincada y juega un papel crucial en la consolidación de la memoria y el aprendizaje. La ciencia ha demostrado que diferentes etapas del sueño están relacionadas con la capacidad de aprender y recordar nueva información. Investigadores de ETH Zurich llevaron a cabo un estudio en el que manipularon a los participantes después de que aprendieran un conjunto de movimientos. Los resultados mostraron que el sueño ininterrumpido era esencial para la eficiencia del aprendizaje, ya que permitía que las sinapsis neuronales—las conexiones entre neuronas—se restauraran a la normalidad, facilitando así la neuroplasticidad, es decir, la capacidad de adaptarse a nuevas conexiones. Este proceso también facilita el “desaprendizaje”, lo que permite suprimir memorias que ya no son necesarias y sobrecargar la flexibilidad neuronal.
A pesar de los avances en nuestra comprensión del sueño, todavía existen muchas preguntas sobre cómo y por qué dormimos. Como señala el Dr. Raizen, “fuera de la gran pregunta, hay muchos misterios sobre por qué dormimos”. Aún se están desentrañando los mecanismos exactos que controlan el inicio, mantenimiento y finalización del sueño, así como los químicos involucrados en estos procesos. Aunque se ha establecido una clara relación entre la falta de sueño y problemas como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, obesidad y depresión, no se comprende completamente si estos problemas son una causa directa de la falta de sueño o si, por el contrario, afectan la calidad del sueño.
El cerebro nunca descansa por completo; su actividad es tanto física como mental. Continúa descubriendo aspectos que afectan a la salud y el bienestar, y quedan muchas preguntas por responder sobre este proceso vital.