Cada vez más niñas experimentan la menarquia a edades más tempranas, lo que ha llevado a especialistas a ofrecer orientación sobre cómo acompañarlas en este proceso.
La menarquia, o primera menstruación, representa un hito significativo en la vida de muchas niñas, aunque puede generar temores e inseguridades. En Chile, se ha observado que la edad promedio de inicio de la menstruación se sitúa entre los 11 y 12 años, aunque se considera normal que ocurra entre los 10 y 15 años. Sin embargo, si el desarrollo mamario comienza antes de los 8 años o la menstruación aparece antes de los 9 o 10 años, es fundamental consultar a un especialista para evaluar el desarrollo y descartar la posibilidad de pubertad precoz.
El doctor Ignacio De La Torre, ginecólogo de Clínica Ciudad del Mar, señala que en el último siglo se ha registrado un adelanto en la edad de la menarquia. Este fenómeno podría estar relacionado con varios factores, incluyendo mejoras en la nutrición, el aumento de la obesidad y la exposición a disruptores endocrinos presentes en la dieta y en productos cosméticos.
Desde el ámbito nutricional, Carola Pantoja, nutricionista de Clínica Biobío, destaca la importancia de una alimentación adecuada en esta etapa. “La nutrición debe ser preventiva y restaurativa, priorizando el hierro (con Vitamina C) para evitar la anemia tras la pérdida sanguínea. El magnesio y Omega-3 son claves para relajar la musculatura uterina y desinflamar, mientras que la Vitamina B6 regula el metabolismo hormonal y reduce la retención de líquidos durante el ciclo”, explica.
Para identificar posibles alteraciones hormonales asociadas con la menarquia temprana, el doctor Guillermo Ortiz, endocrinólogo infantil de Clínica Dávila, menciona que se utilizan herramientas clínicas y de laboratorio. “Los estadios de Tanner son fundamentales para evaluar el desarrollo puberal de una niña, así como la evaluación de la curva de crecimiento, que muestra un aumento de la velocidad durante este período”, afirma.
El doctor Francisco Díaz, jefe del Servicio Clínico Integral de la Mujer de Clínica Dávila, añade que si la pubertad comienza muy temprano, puede acelerar el crecimiento inicial, pero también puede hacer que se detenga antes, lo que podría afectar la estatura final y la salud ósea. “La menstruación temprana en sí no genera daño y es común que los primeros años los ciclos sean irregulares, lo cual es normal mientras el sistema hormonal madura”, complementa.
En cuanto al acompañamiento familiar durante este proceso, Jennifer Conejero, psicóloga infantojuvenil de Clínica Santa María, enfatiza la necesidad de proporcionar a las niñas información clara y contención emocional. “Los cambios emocionales propios del desarrollo hormonal, como la irritabilidad, y la incomodidad física de la menstruación, junto con la presión social, pueden ser desafiantes para ellas”, detalla.
Conejero advierte que comentarios como “ya eres mujer” o “debes madurar” pueden generar angustia en las niñas, así como rechazo a los cambios corporales. Por ello, es crucial que los padres y madres conversen abiertamente sobre estos temas, supervisen el acceso a información y creen espacios seguros para que sus hijas se sientan cómodas al expresar sus dudas y opiniones. Además, se recomienda que las menores asistan a controles médicos regulares para recibir apoyo profesional durante este proceso.

