Más del 60% de los menores de 5 años hospitalizados por influenza en Argentina presentan comorbilidades. La vacunación es clave para prevenir complicaciones.
Un estudio sin precedentes realizado en instituciones de referencia en Argentina ha revelado una situación alarmante: más del 60% de los menores de 5 años que han sido hospitalizados por influenza presentan comorbilidades, lo que incrementa significativamente el riesgo de sufrir complicaciones severas. A pesar de que la vacunación antigripal es gratuita y obligatoria para los bebés de entre 6 y 24 meses, solo alrededor del 30% de estos niños internados había recibido la vacuna, lo que deja a un grupo considerablemente vulnerable frente a una amenaza que podría ser prevenible.
Según la información a la que tuvo acceso Infobae, el 63% de los casos de gripe en estos menores presentaban enfermedades subyacentes como asma, obesidad o inmunosupresión. La doctora Ángela Gentile (MN 49908), infectóloga pediatra y Jefa del Departamento de Epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez en la Ciudad de Buenos Aires, presentó estos datos durante el último Flu Forum, un encuentro anual de actualización científica que reúne a los principales expertos del país. Las tasas de hospitalización fueron especialmente elevadas entre aquellos que no completaron el esquema de vacunación, lo que refuerza la necesidad de mejorar la cobertura antes del inicio de la circulación del virus.
La doctora Gentile advirtió sobre la importancia de la prevención, señalando que “tenemos que seguir trabajando para instalar la importancia de la prevención porque los chicos se hospitalizan y mueren por influenza”. También destacó que “la percepción sobre el impacto de otras enfermedades se pierde cuando hay urgencias, pero el hecho es que en pediatría, tenemos grupos con mortalidad por el virus sincicial respiratorio”.
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) 721, que abarca todas las edades y fue publicado el 16 de septiembre, durante las semanas epidemiológicas 1 a 35 de 2024 (hasta finales de agosto), se registraron un total de 854.324 casos de Enfermedad Tipo Influenza (ETI). El documento también indicó que “en las primeras 36 semanas de 2024, se notificó el fallecimiento de 167 personas con diagnóstico de influenza”, cifra que supera la totalidad de muertes reportadas durante todo el año 2023, que fue de 106 víctimas mortales por la enfermedad.
En el análisis realizado este año, la mayoría de los casos (91,3%) correspondieron a la variante B. Este estudio, que se llevó a cabo en el contexto posterior a la pandemia de COVID-19, ha puesto de manifiesto el cambio en el comportamiento de la enfermedad y los importantes desafíos que enfrenta la pediatría en Argentina, donde la cobertura de la segunda dosis de la vacuna es baja y el 31% de los niños considerados de mayor riesgo no han recibido la protección adecuada.
Los especialistas advierten que la falta de vacunación no solo afecta la salud de los niños, sino que también contribuye a la transmisión del virus en sus hogares, escuelas y otros espacios comunes, donde los pequeños pueden convertirse en transmisores del virus a poblaciones vulnerables, como ancianos y pacientes con enfermedades crónicas. El doctor José Montes (MN 86.431), médico infectólogo y director de CSL Seqirus Latinoamérica, explicó que “sabemos que la vacunación incluso evita la enfermedad; la evidencia demuestra que reduce la gravedad de la infección, haciendo que las consecuencias sean más leves y disminuyendo el uso de recursos sanitarios”.
Desde 2018 hasta 2023, se registraron 5.838 infecciones respiratorias agudas bajas (IRAB) en pacientes pediátricos hospitalizados. De estos, el 96,6% de los pacientes se sometió a pruebas diagnósticas, y el 66,4% de los cuales dio positivo en la detección viral. El virus sincitial respiratorio (VRS) fue el patógeno más frecuente, mostrando patrones estacionales similares a los previos, aunque con algunas excepciones en el contexto pospandemia. En el grupo de menores de cinco años, el 81% de los 354 casos analizados presentaba comorbilidades cardíacas o inmunodepresión, lo que aumentó la letalidad del virus, alcanzando un 1,86% en comparación con el 0,15% del VRS en otros casos, y el 14,1% de los pacientes requirieron ingreso a unidades de cuidados intensivos.
La alta incidencia de casos graves resalta la necesidad de identificar y asegurar tratamientos preventivos, especialmente durante los picos de infección en esta población vulnerable. Las comorbilidades que incluyen obesidad y condiciones neurológicas e inmunodepresión han sido objeto de un estudio multicéntrico realizado en Argentina, que abarcó cinco hospitales: el Hospital de Niños de la Ciudad de Buenos Aires, el Hospital “Prof. Alejandro Posadas” en la provincia de Buenos Aires, el Hospital Víctor J. Vilela en Rosario, el Hospital Pediátrico “Fernando Barreyro” en Posadas y el Hospital Dr. Humberto Notti en Mendoza. Los autores del estudio observaron que el 81% de los casos de gripe afectaron a niños con una edad media de 9,5 meses.
La condición médica subyacente de estos pacientes los coloca en un alto riesgo de desarrollar complicaciones graves. La clave para evitar la progresión a estadios severos no solo reside en la hospitalización, sino también en las secuelas que pueden generar episodios en los pacientes. En Argentina, las tasas de vacunación siguen siendo alarmantemente bajas. El estudio reveló que, a pesar de estar incluidos en el Calendario Nacional de Vacunación, solo el 76% de los niños recibió la primera dosis y el 64% la segunda, lo que indica que si se vacunara oportunamente, se podría prevenir un número significativo de hospitalizaciones.
Los esfuerzos para aumentar la cobertura de vacunación se enfrentan a varios obstáculos en Argentina. Uno de los principales desafíos es la administración de las vacunas a los niños, ya que muchos no completan el esquema de vacunación. La doctora Gentile enfatizó la necesidad de administrar las dosis requeridas en un intervalo de cuatro semanas, destacando que “completar la vacunación inicial es un gran desafío”.
Es relevante considerar que las respuestas de anticuerpos en la infancia pueden tener un impacto a largo plazo, ya que la exposición a cepas virales antigénicamente distintas en el primer contacto debe ser salvaje, utilizando inoculantes capaces de otorgar una importante “huella inmunológica” que proteja contra futuras variantes pandémicas. Este concepto, conocido como “immunoimprinting”, fue descrito por el virólogo y epidemiólogo estadounidense Thomas Francis Jr. en 1960 bajo el nombre de “pecado original antigénico”, y se refiere a cómo la respuesta del organismo deja una huella inmunológica que determina la respuesta futura a infecciones similares.
Las campañas de concienciación efectivas son necesarias para que los padres comprendan la importancia de la vacunación. Es fundamental respetar los intervalos de tiempo para garantizar la efectividad de la vacuna, ya que la falta de cumplimiento puede limitar la capacidad de prevenir la enfermedad y aumentar el número de hospitalizaciones. La vacunación infantil puede proporcionar una protección indirecta de “inmunidad de rebaño” a los miembros de la familia y a la comunidad, ya que los niños vacunados tienen menos probabilidades de contraer y transmitir el virus, lo que también puede reducir el ausentismo escolar y la carga sobre los sistemas de salud.
Antes de la llegada de la COVID-19, la epidemiología de las enfermedades respiratorias seguía un patrón casi inmutable, predominando durante los inviernos en el hemisferio sur. Sin embargo, la llegada del SARS-CoV-2 rompió este orden y desató dinámicas impredecibles que desafiaron las expectativas. En 2022, se observó un eco imprevisto, con un doble golpe de avance de virus inusuales que irrumpieron tanto en verano como en primavera, trastocando el ritmo conocido de las enfermedades respiratorias. Esto ha alterado profundamente la epidemiología de las infecciones respiratorias, incluidos aquellos relacionados con el SARS-CoV-2, lo que ha llevado a cambios en la estacionalidad y prevalencia en los niños.
Por ejemplo, se ha observado un patrón bimodal inusual, con un pico tardío entre las semanas 9 y 14 y un segundo pico en primavera (semanas 38 a 45). Este comportamiento atípico no se había observado en los periodos previos a la pandemia, donde los picos se concentraban mayoritariamente en invierno. La co-circulación de la variante B en 2022 fue otra característica distintiva del periodo pospandemia, lo que refleja una alteración viral que dificulta la predicción y la organización de las medidas de salud pública. Además, las primeras medidas de confinamiento y distanciamiento social redujeron la circulación de virus respiratorios, pero con el regreso a la normalidad, se ha observado un repunte en la incidencia de estas enfermedades, lo que resalta la necesidad de revisar las estrategias de vacunación y planificación para responder a las nuevas realidades epidemiológicas.

