
El Índice de Circunferencia Abdominal se presenta como una alternativa más precisa al IMC para evaluar el riesgo de enfermedades relacionadas con la obesidad.
El Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido tradicionalmente una de las herramientas más utilizadas para medir la obesidad a nivel global. Este índice se calcula mediante una fórmula que relaciona el peso de una persona con su altura, y ha servido como un estándar para el diagnóstico epidemiológico de la obesidad. Sin embargo, al evaluar la salud de un individuo, el IMC presenta importantes limitaciones, como ha sido publicado en varias ocasiones por Infobae.
Ana Cappelletti, médica integrante de los grupos de trabajo sobre Obesidad y Cirugía Bariátrica de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y directora de posgrados en la Universidad Favaloro, ha señalado que “no es un indicador adecuado para predecir el riesgo de comorbilidades”. Cappelletti enfatiza que es fundamental considerar factores críticos como la cantidad y distribución de la grasa corporal, ya que estos aspectos influyen directamente en la salud de una persona. El IMC puede resultar engañoso, ya que mide la relación entre la altura y el peso sin diferenciar entre la masa muscular y la grasa. Por esta razón, personas con una gran masa muscular, como los atletas, pueden ser clasificadas incorrectamente como “obesas”, a pesar de que en realidad tienen muy poca grasa corporal.
Debido a estas limitaciones, se ha subrayado la necesidad de utilizar otras medidas más precisas para evaluar los riesgos individuales. En este contexto, la circunferencia de la cintura ha emergido como un mejor predictor de la salud. En los últimos años, ha ganado terreno la idea de que la obesidad abdominal está relacionada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Esta medida refleja de manera precisa la grasa visceral que rodea los órganos internos, la cual está estrechamente vinculada a problemas graves de salud.
Un estudio publicado en el Journal of the American Heart Association reveló que las personas con una circunferencia de cintura elevada tienen un 163% más de probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas en comparación con aquellos que tienen valores normales. Incluso aquellos con un índice moderado de circunferencia de cintura experimentan un aumento del 61% en el riesgo. En contraste, expertos coinciden en que es fundamental no ignorar dónde se distribuye la grasa en el cuerpo. El doctor Yun Qian, del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Wuxi, China, demostró que las mediciones centradas en la circunferencia de la cintura podrían ofrecer predicciones más exactas sobre el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, así como otros trastornos.
Para realizar una medición adecuada de la cintura, se recomienda medir en el punto medio entre el reborde inferior de las costillas y la cresta ilíaca (hueso de la cadera). “A menudo, esta medida coincide con la ubicación del ombligo, salvo en casos de abdomen pendular, donde puede desplazarse hacia abajo”, explicó la nutricionista. Esta medición, conocida como “cintura modista” (la medida de la parte más estrecha del torso), es recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La recomendación general es que la circunferencia de la cintura no supere la mitad de la estatura de la persona. Superar esta proporción aumenta considerablemente el riesgo de padecer hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Debido a las deficiencias del IMC, se han propuesto nuevas métricas para evaluar la obesidad. Una de ellas es la Redondez Corporal (BRI, por sus siglas en inglés), también conocida como Circunferencia Abdominal (ICA), que proporciona una imagen más clara de la mortalidad asociada a la obesidad. Un estudio publicado en Jama Network, que incluyó a 32,000 adultos estadounidenses, observó que el BRI tiene una asociación en forma de U con todas las causas de mortalidad: niveles bajos y altos de ICA están vinculados a una mayor tasa de mortalidad. Entre 1999 y 2018, el promedio de la circunferencia abdominal aumentó de 4.80 a 5.62, lo que evidencia un incremento en la población.
Los investigadores sugieren que el BRI podría convertirse en una herramienta de detección no invasiva que facilite la intervención temprana en personas con riesgo. Los riesgos asociados con la obesidad han sido confirmados en múltiples estudios, ya que esta condición genera inflamación crónica que, a largo plazo, puede dañar el sistema cardiovascular y otros órganos. Este hallazgo refuerza la importancia de monitorear la salud a lo largo del tiempo, ya que la circunferencia de la cintura no solo es un reflejo visible de la obesidad, sino que también tiene un impacto crucial en la salud a largo plazo.
Las limitaciones del IMC han impulsado el desarrollo de métricas como la circunferencia de la cintura y el BRI. Ambas métricas, al centrarse en la grasa visceral, ofrecen una evaluación más fiable del exceso de peso, especialmente en relación con estudios recientes que subrayan la necesidad de adoptar estos nuevos enfoques en la práctica clínica para mejorar la salud y reducir los riesgos asociados con la obesidad. En este sentido, se enfatiza que “algunos índices, aunque tienen validez poblacional, son necesarios para generar estadísticas, siempre es importante considerar el diagnóstico o el objetivo del tratamiento en función de la calidad de vida integral”.