
Recientemente, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) publicó un informe que sitúa a Chile en la última posición en el ranking de natalidad entre los países analizados, destacando que el país ha registrado la cifra de nacimientos más baja en la última década. Este fenómeno reafirma una tendencia a la baja que se ha observado desde el año 2013. Según diversos analistas, esta disminución en la natalidad se debe a las nuevas oportunidades y perspectivas que enfrentan las mujeres, quienes están cada vez más integradas en el mercado laboral. Sin embargo, el acceso a este mercado laboral presenta una serie de desafíos, especialmente para aquellas mujeres que regresan al trabajo pocos meses después de haber dado a luz, en particular las primerizas que aún están en periodo de lactancia.
Magdalena Galarce, médica de servicios clínicos y farmacéuticos de Farmacias Ahumada, señala que “los médicos siempre aconsejamos que los bebés sean alimentados con leche materna, por los beneficios que ésta trae, tales como disminuir el riesgo de padecer varias enfermedades como diarreas, infecciones respiratorias altas y bajas, caries y hasta muerte súbita”. A pesar de estos beneficios, muchas mujeres enfrentan dificultades para continuar con la lactancia una vez que regresan al trabajo. Galarce menciona que existen opciones para extraer y almacenar la leche materna que no todas las madres conocen. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la leche materna sea el único alimento durante los primeros seis meses de vida, y sugiere la introducción de alimentos complementarios nutricionalmente adecuados y seguros, mientras se continúa con la lactancia hasta los dos años, idealmente.
La doctora Galarce explica que, en general, las mujeres tienden a amamantar hasta el año, y que el temor a manipular la leche materna al regresar al trabajo es un sentimiento común, aunque poco fundamentado. “No debería dar más miedo que manipular cualquier otro alimento. Para hacerlo, simplemente hay que seguir normas que garanticen una correcta manipulación”, comenta. Es importante aclarar que no todas las mujeres tienen el mismo flujo de leche, lo que influye en los horarios y la cantidad de extracción. En caso de dudas sobre cómo aumentar el flujo de leche, es fundamental consultar con un médico, ya que es crucial evitar el consumo de cualquier sustancia que pueda afectar al bebé a través de la leche.
En la actualidad, existe una amplia variedad de sistemas de extracción de leche, comúnmente conocidos como “sacaleches”. Es esencial saber en qué aspectos fijarse al elegir el más adecuado, ya que hay modelos manuales y eléctricos, así como opciones para uno o ambos senos. Se recomienda a las madres que consulten a otras mamás sobre sus experiencias con diferentes modelos, aunque siempre es necesario leer las instrucciones del dispositivo.
La doctora Galarce indica que “en primer lugar, tanto el sacaleches, como los pechos y las manos deben estar correctamente lavadas”. Luego, se sugiere realizar un masaje suave sobre la areola para estimular el reflejo de expulsión de la leche. A muchas madres les resulta útil mirar una foto de su bebé o imaginarlo, lo que puede ayudar a estimular este reflejo. Es normal que al principio no salga leche o que solo salgan gotitas, por lo que se recomienda probar varias veces al día durante cortos períodos. Se aconseja practicar la extracción unas semanas antes de regresar al trabajo, ya que esta habilidad se desarrolla con la práctica.
Galarce también menciona que “lo ideal para comenzar es que la guagua desencadene la bajada de la leche, retirarlo, extraer un poco de leche, y volver a dar pecho”. Es importante no dejar pasar más de tres o cuatro horas entre extracciones para evitar que disminuya la producción de leche. Otro aspecto crucial es el tipo de recipiente utilizado para almacenar la leche. Se sugiere que sean de vidrio o de plástico duro que resista el agua caliente, con tapas de cierre hermético, o utilizar bolsas de plástico diseñadas específicamente para este propósito, que están disponibles en el mercado.
Es fundamental etiquetar cada recipiente con la fecha de extracción e incluir el nombre del bebé si asiste a una sala cuna. La leche materna debe ser conservada en el refrigerador, preferiblemente en el fondo de las bandejas, donde puede durar hasta tres días, o en el congelador. Si el congelador es de una puerta, la leche puede durar congelada hasta un mes, y si es de dos puertas, hasta tres meses. La leche puede mantenerse a temperatura ambiente, pero en buenas condiciones, solo durará de seis a ocho horas como máximo. Se recomienda llenar los recipientes con la cantidad necesaria para una sola toma, que puede variar entre 60 y 120 ml, ajustándose según las necesidades de cada niño. También es posible preparar porciones más pequeñas, entre 30 y 60 ml, para situaciones imprevistas o si hay retrasos en la alimentación regular.
Al descongelar la leche, se debe comenzar por la más antigua, pasándola al refrigerador el día anterior y luego calentándola a baño María. “No hay que calentar un biberón directamente en el microondas o de manera rápida en la cocina. El calentamiento rápido destruye las proteínas y enzimas que contiene la leche. Si la descongelas, no se puede volver a congelar”, enfatiza la doctora. Es normal que la leche cambie de aspecto o color una vez descongelada, lo que no significa que no sea apta para el consumo. La leche puede separarse y la parte grasa puede flotar en la superficie. Al calentarla, es recomendable agitarla para que vuelva a ser un líquido homogéneo.
La extracción y conservación de la leche materna permite a las mujeres continuar amamantando sin necesidad de interrumpir su vida laboral o actividades. Además, esta práctica facilita que los padres puedan compartir las responsabilidades de alimentación, lo que contribuye a fortalecer el vínculo entre ellos y el bebé. Al seguir estos consejos, se promueve no solo la salud del bebé, sino también el desarrollo integral de la mujer.