Sentirse bien no depende únicamente de la suerte o la genética: la psicología positiva sostiene que la sensibilidad a la recompensa —la capacidad de buscar y disfrutar de emociones positivas— puede ser entrenada y fortalecida como cualquier otra habilidad. Así lo señalan expertos en estudios recientes citados por The New York Times, que destacan ejercicios sencillos respaldados por la ciencia para aumentar la felicidad y el bienestar emocional, incluso en personas que atraviesan depresión o ansiedad. El concepto se refiere a la tendencia de una persona a notar y experimentar placer en las actividades cotidianas. Alicia Meuret, profesora de la Southern Methodist University, explica que la clínica tradicional suele enfocarse en reducir los síntomas negativos, pero potenciar los positivos puede ser igual de relevante para la salud mental. “No solo necesitamos disminuir el dolor, también debemos aumentar la alegría”, señala en declaraciones recogidas.
Esta perspectiva resulta especialmente importante en el tratamiento de la anhedonia, una condición frecuente que dificulta la capacidad de experimentar placer. La evidencia científica respalda la eficacia de este enfoque. Un estudio de 2023, coliderado por Meuret, demostró que los adultos que participaron en 15 semanas de psicoterapia centrada en lo positivo reportaron mayores mejoras que aquellos que recibieron terapia enfocada en lo negativo. Por su parte, una investigación de 2024 dirigida por Lucas LaFreniere, profesor asistente en Skidmore College, evaluó a 85 estudiantes que recibieron recordatorios diarios en sus teléfonos para planificar actividades placenteras, saborear momentos positivos y anticipar experiencias agradables. Tras una semana, los participantes mostraron un aumento significativo en el optimismo, según los datos recogidos.
Entre las prácticas recomendadas, destaca un ejercicio sencillo inspirado en estos estudios. Consiste en realizar cada día una actividad que genere una sensación de logro, por pequeña que sea: desde disfrutar de un refrigerio favorito hasta leer unas páginas de un libro o conversar con un amigo. Al realizar la actividad, se sugiere cerrar los ojos y revivir en voz alta, en el tiempo presente, el momento de mayor alegría, prestando atención a los detalles y sensaciones físicas, como la brisa en el rostro o la calidez del sol. Se advierte que se trata de recordar, pero no solo eso, sino de amplificar y reexperimentar la emoción, una técnica conocida como “saboreo” que ayuda a fortalecer la memoria y motiva a buscar esos momentos en el futuro. Además, contrarresta la tendencia humana a centrarse en los aspectos negativos de las experiencias.
Otras recomendaciones de especialistas incluyen ampliar el vocabulario para describir con precisión las emociones, lo que intensifica y valida esas experiencias. Compartir momentos felices con otros también es beneficioso, ya que, como indica Charlie Taylor, asociado a la psiquiatría de la Universidad de California, San Diego, “difundir nuestras alegrías nos hace sentir mejor y fortalece los vínculos sociales”. Además, aprender a encontrar situaciones adversas —como valorar la oportunidad de conocer a alguien cuando se acepta una invitación— es una habilidad que se puede desarrollar con la práctica. Por último, visualizar mejores resultados posibles puede motivar a preparar la mente para vivencias satisfactorias.
No obstante, permitirnos sentir alegría siempre es sencillo, ya que algunas personas pueden sentirse vulnerables al placer, preocupándose constantemente por dar una falsa preparación ante posibles amenazas. Este estado de alerta permanente impide disfrutar del presente. La autora del artículo, terapeuta de profesión, comparte una experiencia personal que ilustra la aplicación de estas estrategias. Durante un viaje a la playa con sus hijos, recibió la noticia del fallecimiento de una amiga, lo que la sumió en una profunda tristeza. A pesar de ello, decidió poner en práctica lo que recomienda a sus pacientes: permitió que la luminosidad del viaje, compartir dulces junto al mar y recibir flores de unos floristas en la playa le ayudara a recuperar el equilibrio emocional. Aunque la tristeza persistía, abrirse a la alegría y al cariño familiar le ayudó a encontrar un balance. Como concluye LaFreniere, a veces el primer paso es acercarse a actuar como si sintiéramos, permitiendo así que los beneficios se hagan presentes.

