El 31 de diciembre de 2019, se inició una crisis sanitaria global que afectó a todo el mundo. Una enfermedad provocada por un virus desconocido hasta ese momento alteró no solo los sistemas de salud, sino también la vida social y la situación económica a nivel mundial, especialmente en países en desarrollo como los de América Latina y el Caribe. En esa fecha, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió un comunicado del Gobierno Municipal de Wuhan, China, sobre casos de “neumonía viral” en la ciudad. “Ese hecho marcó el inicio de una serie de eventos que llevarían a una pandemia global de COVID-19, la cual cambiaría profundamente la cotidianidad a nivel mundial”, señaló la agencia en un comunicado emitido recientemente.
Cronología del COVID-19
Tras la notificación sobre las “neumonías atípicas” en China, el 1 de enero de 2020, la OMS activó su sistema de emergencia. El 4 de enero, la organización informó al público general sobre los primeros afectados. Días después, presentó un esquema para la primera prueba de laboratorio que detectaría el patógeno causante de la enfermedad, conocido como SARS-CoV-2. El 30 de enero de ese mismo año, el director de la OMS declaró que la aparición del coronavirus, que se propagaba por el mundo, era de “interés público internacional” (ESPII). Hasta el 10 de noviembre del año pasado, más de 776 millones de personas habían sido afectadas por el COVID-19, con un saldo de 7 millones de muertes. Estas cifras “reflejan el alcance histórico de la crisis sanitaria” y muestran la magnitud del desafío que enfrentó la humanidad. Se estima que las cifras habrían sido mucho más altas si se hubieran realizado todas las pruebas necesarias.
Impacto del COVID-19
Al conmemorar este aniversario, la OMS reconoció el profundo impacto en aquellas personas que han perdido a seres queridos o que siguen sufriendo los efectos de la enfermedad, incluidos los efectos prolongados. “La organización también rinde homenaje a los trabajadores que han realizado enormes sacrificios para atender a los afectados”, reconoció la OMS en su comunicado.
Origen del coronavirus
Respecto al origen del virus, la pregunta sigue sin respuesta. Una de las hipótesis más aceptadas es que el virus tiene un origen zoonótico directo, es decir, que proviene de un animal, probablemente de los murciélagos, con un posible hospedador intermedio. También se ha planteado la hipótesis de un origen indirecto, donde el virus podría haber pasado de los murciélagos a otro animal que lo transmitió a los humanos. Aunque inicialmente se descartó, la tercera hipótesis, que sugiere un escape de laboratorio, ha vuelto a ser objeto de discusión. La OMS ha reclamado que se compartan datos cruciales que permitan el acceso necesario para comprender el virus, afirmando que la “transparencia, cooperación e intercambio de información son elementos esenciales para prevenir y prepararse para futuras pandemias globales”.
Desinformación y tratamientos
En marzo de 2020, ni las vacunas ni los tratamientos específicos contaban con pruebas de eficacia y seguridad demostradas. Gracias a innumerables ensayos clínicos, en 2024 se autorizaron enfoques antivirales, terapias con anticuerpos y medicamentos para tratar casos graves. Más de 15 tratamientos fueron aprobados para su uso, utilizando diferentes tecnologías. Sin embargo, algunos profesionales de la salud, medios de comunicación y autoridades sugirieron el uso de intervenciones no probadas que incluso podían provocar la muerte, como la hidroxicloroquina y el dióxido de cloro. “El ámbito de la investigación fue uno de los grandes desafíos éticos durante la pandemia en la Región de las Américas”, advirtió un grupo de expertos reunidos por la OPS en un documento publicado en 2022. En este documento se esbozó la respuesta al brote de ébola en 2014, y se mencionó que el zika en 2016 “no conllevó a una discusión sobre tratamientos probados, cuando comenzó la familiaridad ética”. Como consecuencia, “se utilizaron tratamientos que no adherían a los estándares correspondientes”, lo que ocasionó daños a la salud humana y desvió recursos limitados que podrían haberse utilizado de manera beneficiosa para la población.
Evaluaciones y recomendaciones
En 2022, se actualizó el conocimiento sobre el manejo de emergencias sanitarias globales y nacionales. Consultado por Infobae, Santiago Hasdeu, coordinador ejecutivo de la Red Argentina Pública de Evaluación de Tecnología Sanitarias (RedArets), comentó: “Hubo una irracionalidad en el manejo del COVID-19. Se ofrecieron tratamientos cuyo uso no estaba justificado por la base de evidencia disponible, y se desconocía si su balance de riesgo/beneficio era favorable o desfavorable”. Hoy, Hasdeu, quien es docente e investigador en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén, opina que “sería importante la capacitación de los tomadores de decisiones y comunicadores de la sociedad civil, basadas en principios que mejoren la preparación ante eventuales pandemias”.
La doctora Mirta Roses, exdirectora de la OPS y miembro de la Academia de Buenos Aires, comentó sobre la importancia de que en el actual contexto mundial de riesgo de otra pandemia, se tomen en cuenta las consecuencias nefastas para la humanidad. “Hoy, a pesar de las prolongadas discusiones en el seno de las recomendaciones de un panel independiente, se ha firmado un Acuerdo Tratado relacionado con pandemias. Esto es un mal augurio que llega en un momento en que se debe desarrollar una respuesta coherente y concertada que proteja a la población mundial”, afirmó la experta, quien también es embajadora en relación al coronavirus. Además, mencionó que “la mayoría ha completado una evaluación independiente basada en la experiencia vivida durante el COVID-19. La carencia de esa evaluación se traduce en una falta de revisión de las políticas desarrolladas en cada país, lo cual es necesario para poder detectar, responder y mitigar futuras pandemias”. Algunos países sí realizaron esas evaluaciones, pero no implementaron las recomendaciones. Según Roses, “este quinto aniversario, con 7.000.000 de muertes, debe servir para aprovechar los adelantos en tecnologías de comunicación, vigilancia y protección, así como los nuevos conocimientos en métodos de prevención, diagnóstico y tratamiento, para acelerar el fortalecimiento de la capacidad de la comunidad para reaccionar de manera colectiva y solidaria”.

