
El interés por la cirugía plástica y los tratamientos estéticos ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos tiempos, destacándose las diferencias en cómo cada generación se acerca a estas prácticas. Las preferencias varían significativamente entre los jóvenes adultos, según datos recopilados por expertos consultados por Infobae. Un informe de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) confirma que en 2024 la demanda de estos procedimientos se mantuvo firme a nivel mundial, aunque con un matiz interesante: las motivaciones y prioridades son distintas entre las generaciones.
El documento de la ASPS revela que los procedimientos mínimamente invasivos experimentaron un aumento del 1,5%, en comparación con el 1% de las cirugías tradicionales. La toxina botulínica se consolidó como el tratamiento más solicitado, con un incremento del 4%. Estos procedimientos han dejado de ser considerados un lujo superficial para convertirse en parte integral de la salud y el bienestar. Según una encuesta internacional de ISAPS, los pacientes optan por el aumento de senos, la rinoplastia y la liposucción, mientras que a partir de los 35 años, los tratamientos no quirúrgicos, como la reducción de grasa sin bisturí, ganan popularidad. A pesar de la incertidumbre económica, la inversión en estética se mantiene, impulsada por la percepción de que estos procedimientos mejoran tanto la apariencia física como el bienestar emocional.
La tendencia global apunta hacia la naturalidad, con implantes de menor tamaño, tiempos de recuperación cortos y cicatrices menos visibles. Resulta evidente al analizar las motivaciones de cada grupo generacional. Según los datos recopilados, la Generación Z (nacida entre mediados de los 90 y principios de 2010) se inclina hacia tratamientos preventivos para la piel, como el láser y los neuromoduladores. Por su parte, los Millennials (nacidos entre 1980 y 1994, aproximadamente) concentran un gran interés en los aumentos mamarios y consultan antes de que aparezcan los signos de envejecimiento. En tanto, los informes indican que la Generación X (nacidos desde 1960 hasta finales de 1979) lidera en procedimientos de contorno corporal, lifting de glúteos y abdominoplastias, buscando mantener o corregir rasgos puntuales. Por su parte, los Baby Boomers (aproximadamente nacidos entre 1946 y 1964) buscan principalmente tratamientos faciales para la piel.
Los especialistas han aportado una visión detallada sobre estas tendencias. Juan Manuel Seren, cirujano plástico y referente en protocolos rápidos, explicó: “Hoy las personas acompañan un estilo de vida activo. Los implantes livianos y los rellenos reabsorbibles han reemplazado a las hipercorrecciones de otras épocas, logrando resultados armónicos”. También destacó que los actuales tratamientos post-mamarios permiten que la paciente retome su rutina habitual en pocas horas. Por su parte, Karina Mariana Fraga, ginecóloga del Hospital Fernández, observó que las mujeres de todas las edades se están inclinando hacia volúmenes naturales. Entre las mayores, la motivación suele estar relacionada con la autoestima tras embarazos y lactancia, combinando volumen con pexia para levantar los senos. Fraga añadió: “Muchas optaron por grandes volúmenes y hoy sienten que no encajan en esta etapa de su vida, ya sea por comodidad, deporte o simplemente porque prefieren una silueta armónica más pequeña”.
El doctor Jorge Ricardo Wetzel (MN: 81500), presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, precisó en una conversación con Infobae: “La llamada Generación Z (de 12 a 17 años) está marcada por la influencia de las redes sociales. Hay un deseo de armonización facial y prevención temprana. Buscan resultados sutiles e inmediatos, con mínima invasión y costo accesible. Es importante evaluar la madurez psicoemocional para descartar dismorfofobias”. Wetzel continuó: “Los Millennials intentan compatibilizar su imagen profesional activa con correcciones que se vean naturales y rápidas”. Para Wetzel, “la Generación X empieza a priorizar el rejuvenecimiento y, si se opera, quiere que no se note. Buscan mejorar el cuello, los párpados y la flacidez, así como la adiposidad localizada, buscando durabilidad y seguridad en las cirugías”.
Wetzel también mencionó que los Baby Boomers (de 60 a 79 años) buscan vitalidad y funcionalidad, asociando el beneficio estético con la calidad de vida. “En todos los casos -postuló Wetzel-, es fundamental que el paciente cuente con un equipo médico que elija un sanatorio debidamente habilitado. Debe leer y entender claramente el consentimiento escrito de lo que le van a realizar. Con esto en orden, es poco probable que experimenten complicaciones serias”.
Otro especialista consultado por Infobae fue Alfredo Romero, médico especialista en cirugía reparadora (MN 105550). Romero observó que en la Generación Z, las consultas hacen referencia a que los cambios sean naturales, y que el riesgo de suponer que los filtros de inteligencia artificial pueden lograrse siempre es un error. “Los Millennials hacen consultas ahora al inicio del envejecimiento, a veces solo reconocen que se ven cansados o enojados. Son proclives al uso de tratamientos que generan envejecimiento precoz. Las redes sociales son una buena fuente de información, pero confunden, ya que hay una oferta grande y en ocasiones no es verdadera”, repasó Romero. En relación a la Generación X, postuló que este grupo se ve influenciado por las experiencias de allegados y amigos. A su vez, priorizan tratamientos que sean naturales y efectivos, y están dispuestos a acceder a cirugías.
La participación masculina en estos procedimientos también ha crecido. Los tratamientos más habituales incluyen rinomodelación y procedimientos para tratar las mamas masculinas. Romero destacó que en estos casos, es fundamental realizar un tamizaje para corroborar que la información que el paciente tiene es correcta, evitando pensamientos mágicos sobre la posibilidad de lograr resultados de manera irresponsable y poco ética. Este fenómeno impulsa a los médicos a desempeñar un papel pedagógico, orientando a los pacientes hacia opciones seguras y respaldadas científicamente.
Los avances tecnológicos ocupan un lugar central en la práctica actual, con estudios prequirúrgicos exhaustivos y un monitoreo anestésico que se ha convertido en un estándar ineludible. Romero subrayó que, gracias a estos avances, los procedimientos se realizan con menor molestia y sin la necesidad de vendajes o drenajes, permitiendo que los pacientes retomen sus actividades en apenas 24 horas. En este sentido, cerró: “En los últimos años, la medicina ha logrado importantes avances en el uso de técnicas mínimamente invasivas, con recuperación rápida, accesos pequeños, poca inflamación y reposo”. Este fenómeno no solo se relaciona con las preferencias individuales, sino que también ilustra una transformación cultural amplia, donde la búsqueda de la confianza personal ocupa un lugar central.