
Las temperaturas extremas y el aumento de fenómenos climáticos severos están afectando la salud de las personas, así como los sistemas de salud, las infraestructuras de agua y saneamiento, y las cadenas de suministro. En América Latina, se han registrado epidemias de infecciones como el dengue, y se ha observado un incremento en los casos de ansiedad. Un reciente informe elaborado por expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con más de 100 organizaciones y 300 especialistas, ha propuesto cinco medidas concretas que podrían salvar casi dos millones de vidas al año en el contexto de la crisis climática. Estas recomendaciones son: establecer alertas tempranas, electrificación basada en energía limpia, garantizar el acceso al agua potable en los hogares, promover el uso de energías limpias y eliminar subsidios a combustibles fósiles.
Los resultados de este informe fueron divulgados en la víspera de la 29.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 29), que se llevará a cabo del 11 al 22 de noviembre en Bakú, Azerbaiyán. El cambio climático, que tiene causas profundamente ligadas a las actividades humanas, especialmente la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas, ha llevado a la emisión de grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI), principalmente dióxido de carbono y metano, lo que ha incrementado la temperatura global. La deforestación es otra causa significativa, ya que la pérdida de bosques reduce la capacidad de absorción de los ecosistemas, aumentando así la concentración de GEI en la atmósfera. Además, la agricultura intensiva también contribuye a la emisión de metano y óxidos de nitrógeno, agravando el calentamiento global. Estas actividades económicas, junto con el uso de combustibles fósiles para el transporte y la expansión de zonas urbanas, son responsables de una gran parte de las emisiones actuales, según lo publicado.
Los efectos del cambio climático en la salud se presentan de manera directa e indirecta. Por ejemplo, las olas de calor extremo son uno de los riesgos directos más severos, asociándose con un aumento en los infartos y enfermedades respiratorias, así como problemas renales. Durante el año 2023, se registraron 50 días adicionales de calor extremo en promedio, lo que impactó gravemente a las poblaciones vulnerables, especialmente en áreas sin la infraestructura necesaria para afrontar tales condiciones. Otro factor importante es la contaminación del aire, que se ve exacerbada por el uso de combustibles fósiles. La exposición prolongada a contaminantes está relacionada con enfermedades crónicas como el asma y el cáncer de pulmón. Además, el cambio climático facilita la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue y la malaria, ya que los mosquitos encuentran condiciones favorables en climas cálidos.
Los desastres naturales, como inundaciones y ciclones, que están aumentando en frecuencia e intensidad debido al cambio climático, afectan indirectamente la salud mental de las poblaciones. Estos fenómenos generan altos niveles de estrés y traumas psicológicos, así como un aumento en la incidencia de trastornos de ansiedad y depresión postraumática. Además, los fenómenos meteorológicos extremos contribuyen a la inseguridad alimentaria, afectando la nutrición de las poblaciones más pobres y aumentando el riesgo de enfermedades infecciosas.
La estimación de cuántas vidas humanas podrían salvarse anualmente se basa en diversos estudios científicos. Cada intervención fue modelada a partir de una ampliación global utilizando fuentes de datos públicamente disponibles y recientes. Se informó que en 57 países no existen sistemas de alerta temprana, y si se implementaran, se podrían salvar 98,500 vidas anualmente. La doctora Matilde Rusticucci, investigadora en climatología del Conicet y profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires (UBA), autora de reportes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (2004–2022), afirmó: “Los sistemas de alerta son muy necesarios para reducir el riesgo humano”.
En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional ha instalado alertas para diferentes fenómenos, incluyendo el calor, a partir de un estudio científico publicado en 2016. “A nivel mundial, se busca que se amplíen los sistemas de alerta ante varios eventos extremos, como tormentas, vientos y lluvias extremas, para que lleguen a la salud”, señaló Rusticucci. Se estima que si en 2024 se instalaran dispositivos solares descentralizados en centros de atención primaria, se podrían salvar 290,500 vidas. Además, garantizar el acceso al agua y la higiene, así como la adaptación climática, podría evitar aproximadamente 173,000 muertes anuales entre este año y 2030. La transición hacia un 100% de energías limpias en los hogares podría salvar 129,000 vidas hasta 2030, y la eliminación de subsidios a combustibles fósiles podría evitar alrededor de 1,202,500 muertes anuales para 2034. Estos datos surgen de un análisis realizado en 168 países.
Los pasos futuros deberían incluir evaluaciones económicas del alcance de las intervenciones y esfuerzos para fortalecer los modelos que incorporen estimaciones de incertidumbre, según indica el reporte. Al ser consultada, la responsable de política de la organización gubernamental FARN, Camila Mercure, comentó: “Es esencial que los gobiernos comprendan hoy la magnitud de la problemática pública y adopten medidas integrales y coordinadas”. Además, Mercure destacó que es fundamental priorizar acciones preventivas, la implementación temprana y la difusión de información precisa para contrarrestar la desinformación. En este sentido, considera que es crucial contar con un sistema continuo que aborde estas situaciones, fomentando esquemas de generación energética distribuida y descentralizada mediante fuentes renovables. Para ello, es necesario redirigir los recursos destinados a combustibles fósiles hacia aquellos orientados a la producción de energía renovable.