El agua retrocede, pero el impacto emocional persiste. En Bahía Blanca, la inundación del viernes 7 dejó miles de personas sin hogar, pertenencias y, en muchos casos, rumbo. Más allá de los daños materiales, el golpe psicológico puede ser profundo y duradero. Los especialistas en salud mental advierten que el sufrimiento de los damnificados no termina con el descenso del agua: un adecuado apoyo psicosocial es crucial, ya que los efectos de la catástrofe pueden prolongarse y derivar en cuadros graves como el estrés postraumático o la depresión.
Impacto emocional tras la inundación
Los expertos en salud mental han señalado que, frente a situaciones extremas, las personas sienten que su vida y la de sus seres queridos están amenazadas, lo que provoca una respuesta fisiológica intensa. La médica psiquiatra y sanitarista especialista en emergencias y desastres, Silvia Bentolila (MP 59647), explicó que “se activa una hiperalerta que se manifiesta en miedo, ansiedad extrema, irritabilidad, angustia y dificultad para concentrarse y dormir”.
La licenciada en Psicología Delfina Ailán (MN 75.326), miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, coincidió en que “cuando cambia un momento a otro, el cuerpo y la mente reaccionan en alerta. Muchas personas experimentan insomnio, tristeza profunda e incluso síntomas físicos como fatiga y tensión muscular”.
Factores que influyen en el sufrimiento
Según Ailán, varios factores influyen en la intensidad del sufrimiento: “Las experiencias previas, la red de apoyo, los recursos psicológicos personales y el nivel de exposición determinan cómo cada persona procesa lo sucedido”. Para Bentolila, el acompañamiento es clave: “Es imprescindible el cuidado porque va a marcar una enorme diferencia en cómo se elabora y se transita la situación”.
Desde el primer día tras la inundación, las campañas de donación se multiplicaron: cientos de personas enviaron comida, ropa, colchones y artículos de limpieza e higiene. Sin embargo, las expertas insisten en que la ayuda debe ir más allá de lo material. Bentolila mencionó que “se ha escrito un protocolo de la ONU que se llama ‘Saber donar’, que existe en decenas de idiomas, sobre la importancia de reconocer y escuchar lo que la gente necesita”.
La experta recordó, además, una lección fundamental de su experiencia en La Plata en 2013, cuando coordinó parte del dispositivo mental: “El esfuerzo y la pérdida de horas de trabajo de los voluntarios organizando donaciones absolutamente innecesarias y desajustadas a lo que la comunidad necesitaba fue enorme. Siempre, siempre es necesario”.
La importancia de la contención psicológica
La reconstrucción también requiere recuperar hábitos y estabilidad. “Es fundamental brindar espacios de contención psicológica. Para quienes han perdido todo, es necesario un espacio donde puedan hablar y procesar lo vivido, donde no sientan que deben ‘ser fuertes’”, enfatizó Bentolila. Además, advirtió sobre la sobreexposición a las noticias y el consumo excesivo de información, que puede aumentar la angustia y la sensación de vulnerabilidad.
El duelo por lo perdido es una cuestión significativa. Perder una casa, fotografías y recuerdos de vida es un desarraigo que muchas veces es minimizado. “Aunque se trate de bienes materiales, esos objetos generan un fuerte vacío”, resaltó Bentolila, quien enfatizó que la dimensión de lo perdido es única y tiene connotaciones subjetivas. “No se debe subestimar lo que es importante para alguien, tanto si se trata de bienes materiales como de mascotas”.
Estrés postraumático y su prevención
El estrés postraumático es una preocupación que puede evitarse si se brinda el apoyo adecuado. Bentolila explicó que “en este tipo de situaciones, los disparadores pueden cimentar el desarrollo de trastornos como la depresión o el abuso de sustancias como el alcohol”. La duración del evento, la destrucción y la percepción del peligro son factores que influyen en la aparición del trastorno postraumático. Algunos síntomas incluyen flashbacks intrusivos del desastre, pesadillas, problemas para dormir y la evitación de lugares relacionados con lo sucedido. Para prevenir estos cuadros, ambas expertas recomendaron buscar apoyo social y profesional, así como retomar actividades que brinden normalidad.
Ante esta realidad, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires ha desplegado un operativo de asistencia psicológica para contener a la población afectada. Se activó la Red PROSAMIC, un grupo de psicólogos especializados en catástrofes que depende de la Dirección de Emergencias. “Suelen hacer un trabajo muy emergente y focalizado, y están instalados en el lugar desde el mismo momento”, informaron fuentes oficiales. Se reforzaron los recursos humanos para coordinar los servicios de psicología existentes en Bahía Blanca.
Los equipos del Hospital Municipal, Provincial y el CPA de la Región Sanitaria, con base en la ciudad, fueron organizados y conducidos por profesionales enviados especialmente para esta tarea. Finalmente, se puso en marcha nuevamente el programa “Cuidar a quienes cuidan”, una iniciativa que tuvo un rol importante durante la pandemia y que ahora se orienta a trabajar con los damnificados.
Volver a empezar es una estrategia de recuperación para muchos, y el regreso tras una experiencia tan abrumadora no es sencillo. “Nunca se empieza desde cero, menos si estamos acompañados y construyendo lazos solidarios”, señaló Bentolila. Buscar ayuda hace más fácil atravesar momentos difíciles. Escuchar y ayudar sin juicios es fundamental. A esto se suma la importancia de comprender el verdadero significado de la resiliencia: no se trata de olvidar lo sucedido, sino de aprender a vivir con ello de la manera más saludable posible. Entre las recomendaciones para sobrellevar la crisis, se destacan: ir paso a paso, pedir y aceptar ayuda, evitar comparaciones, crear nuevas rutinas, realizar actividad física y cuidar la alimentación, así como dormir y conectarse con los seres queridos. En última instancia, se presenta la posibilidad de transformación tras la tragedia. “Un texto internacional, ‘Reconstruir mejor’, resalta esto: lo vivido puede llevar a salir adelante, fortalecido a pesar del daño. Cuando termine de bajar el agua en Bahía Blanca, la verdadera reconstrucción apenas estará comenzando. Ahí es donde hará falta el compromiso”.

