
El resurgimiento de Tom Cruise en la gran pantalla representa uno de los giros más notables en la industria reciente. Tras una etapa plagada de controversias y un notorio desgaste en su imagen pública, el actor logró revertir el curso de su carrera gracias a una arriesgada transformación interpretativa como Les Grossman en Tropic Thunder. Este papel, tan inesperado como efectivo, marcó un punto de inflexión que lo devolvió a la cima de Hollywood, según relató SensaCine.
Del estrellato al ojo del huracán mediático
En 2005, Tom Cruise era la figura central en la promoción de La guerra de los mundos, bajo la dirección de Steven Spielberg. Durante su aparición en el show de Oprah Winfrey, sorprendió al mundo mostrando abiertamente sus sentimientos hacia Katie Holmes. Saltó sobre el sofá y exclamó: “¡Quiero a Holmes!”, dando pie a reacciones explosivas tanto en televisión como en Internet. Aunque la taquilla fue favorable, con USD 603 millones recaudados, la percepción del público comenzó a resquebrajarse. La viralización de montajes digitales que mezclaban escenas de Star Wars: La venganza de los Sith amplificó la atención mediática. Paralelamente, la cobertura de la prensa sensacionalista se centró en algunos comportamientos tildados de excéntricos, acentuando la caída en gracia de quien hasta ese momento era un referente absoluto.
Un golpe que replanteó su carrera
El declive se hizo sentir con la llegada de Misión Imposible III en 2006, que no consiguió los resultados esperados a pesar del éxito previo de la saga. Consciente de la necesidad de recuperar terreno, Cruise se alejó temporalmente de grandes proyectos de acción para explorar propuestas más discretas. En 2007, actuó en Leones por corderos, una incursión dramática lejos de los blockbusters habituales. Sin embargo, un giro relevante llegó en 2008. Lo inició una propuesta de breve cameo que se transformó en un desafío mayor: propuso e interpretó a un jefe de estudio irreverente, calvo y con sobrepeso, totalmente opuesto a su imagen habitual. Este personaje le permitió renovarse ante el público y criticar sutilmente los excesos del cine.
El nacimiento de Grossman: una apuesta ganadora
Junto a Ben Stiller, desarrolló una grotesca autoparodia. El objetivo era sorprender y desconcertar a la audiencia; para ello, DreamWorks mantuvo en secreto las imágenes caracterizadas, maximizando así el impacto del estreno. Su radical cambio de aspecto y actitud mostró su atrevimiento para cuestionar su propio legado, rompiendo ataduras con roles anteriores. No obstante, en noviembre, una filtración de fotos por parte de paparazzi puso en jaque el plan. Las imágenes circularon rápidamente por la red, provocando una contundente respuesta legal. “La apariencia del Señor debía ser una sorpresa para los fans. Los han arruinado; debería haber sido un descubrimiento divertido para los espectadores”, señalaron los abogados al solicitar la retirada de las fotos, mientras el nivel de expectación alcanzaba nuevas alturas.
Reconexión y consolidación
A pesar de los obstáculos, Cruise enamoró a la crítica y al público, reafirmando su vigencia y abriendo nuevas perspectivas en su carrera. Su capacidad para reírse de sí mismo y romper moldes lo diferenció de otros intérpretes de su generación, consolidando así una renovada culminación de esta rehabilitación que vivió en los MTV Awards de 2010, cuando reapareció y demostró que podía reinventarse frente a los espectadores. El siguiente paso definitivo fue en Misión Imposible: Protocolo Fantasma, donde asumió el rol estelar de Ethan Hunt, respaldado por un renovado Paramount y un riesgo creativo que mostraba que este regreso habría sido posible. De esta manera, Cruise completó su viaje y recuperó su lugar indiscutible en el corazón del público.