
Frederick Fleet, el vigía del Titanic, vivió una vida trágica marcada por el abandono, el hundimiento y una lucha contra la depresión. Su historia es conmovedora.
A más de dos décadas desde su lanzamiento, la película Titanic continúa generando interés, tanto por su realismo como por la meticulosa representación de las historias de sus personajes. Entre los nombres más recordados se encuentran James Paul Moody, Molly Brown, así como Ida e Isidor Straus. Sin embargo, el nombre de Frederick Fleet es menos conocido, a pesar de su papel crucial en la historia real del hundimiento.
Frederick Fleet es recordado por su aparición en una de las escenas más impactantes de la película, donde dos vigías están de guardia en el puesto de observación del barco, con la tarea de detectar posibles icebergs en el vasto océano. Uno de los vigías, que se muestra confiado y bromista, afirma que “puede oler el hielo”. Sin embargo, su expresión de terror se hace evidente momentos después al avistar la enorme masa de hielo que se aproxima. Este personaje es Fleet, quien en la vida real tuvo una historia trágica que va más allá de su representación en la película.
Según información de National Geographic, Frederick Fleet nació el 15 de octubre de 1887. Desde una edad temprana, su vida estuvo marcada por la adversidad, ya que nunca conoció a su padre y su madre lo abandonó cuando era un niño. Como resultado, creció en orfanatos en su ciudad natal de Southampton. A lo largo de su vida, Fleet desempeñó diversos trabajos hasta que fue reclutado por la naviera White Star Line. Su carrera como vigía comenzó en el barco Oceanic, y posteriormente fue transferido al RMS Titanic.
En la noche del 14 de abril de 1912, Fleet estaba de turno junto a su compañero Reginald Lee. La noche parecía tranquila hasta que avistaron el iceberg, momento en el cual Fleet alertó a Moody con la frase “¡iceberg al frente!”. Tras el impacto con el iceberg, Fleet permaneció en su puesto durante 20 minutos antes de seguir las órdenes de William Murdoch. Más tarde, se le asignó la tarea de dirigir el bote número 6 de pasajeros, lo que le permitió sobrevivir al desastre.
Los años posteriores a la tragedia del Titanic fueron difíciles para Frederick Fleet. Continuó trabajando en la marina, esta vez a bordo del barco Olympic, pero alrededor de 1930 decidió abandonar esa profesión. Durante los juicios relacionados con el hundimiento del Titanic, Fleet declaró que podría haber detectado el peligro con mayor antelación si hubiera tenido acceso a binoculares.
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la tragedia. Fleet sufrió de depresión crónica, enfrentó problemas económicos y experimentó la pérdida de su esposa, Eva Ernestine Le Gros, quien falleció en 1964. Pocos días después de su muerte, Fleet se quitó la vida a la edad de 77 años. La policía catalogó su fallecimiento como una “muerte por depresión”. Es importante señalar que su cuerpo fue enterrado en un cementerio para indigentes en Hollybrook.