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Stefano Di Aloy: la vida entre el tenis, la fama de su madre y su nuevo camino en el modelaje

Stefano Di Aloy: hijo de Yuyito
Stefano Di Aloy: hijo de Yuyito

La vida de Stefano Di Aloy: entre la fama de su madre, el tenis como refugio y su nueva etapa profesional.

Durante el recreo, los niños se movían de un lado a otro en el patio del colegio, jugando con una pelota. En medio de esta actividad, Stefano, un niño de ocho años, intentaba concentrarse en el juego, pero los comentarios de sus compañeros lo distraían. “Che, ¿tu mamá es tele, no?”, le decían, lo que le generaba incomodidad. A pesar de su molestia, Stefano respondía con firmeza: “¡No hables de ella!”. Para él, su madre era una vedette que aparecía en todas las revistas, pero también era la mujer que lo abrazaba cada noche y le preparaba el desayuno antes de que él saliera corriendo al colegio. Mientras otros niños admiraban a Yuyito, una estrella de la televisión, Stefano solo quería proteger la conexión íntima que tenía con su madre, una relación que consideraba muy profunda.

“Siempre me molestó que los demás opinaran sobre mi mamá. Era una figura pública que todos conocían, pero para mí era simplemente mi madre”, confiesa hoy, a sus 27 años, recordando una época de fama y ruido que lo perseguía, sin saber bien cómo manejarlo. La exposición mediática fue un ir y venir, pero encontró tranquilidad en el deporte. Hijo de una de las figuras más populares del espectáculo argentino de los años 80, siempre eligió mantenerse al margen del mundo artístico, aunque en los últimos meses ha comenzado a disfrutar del modelaje.

Stefano, educado y simpático, es un joven tenista que ha estado viajando por su cuenta. En una conversación con Teleshow, compartió detalles inéditos sobre su vida. Desde pequeño, se dedicó al deporte de alto rendimiento, lo que le permitió estar cerca de su padre. Reflexionó sobre su relación con su padre, César, con quien se conoció porque él era su entrenador personal. Con el tiempo, se enamoraron y tuvieron mellizos, incluyendo a su hermana Brenda. Tras la separación de sus padres, Stefano buscó refugio en el deporte, una vía que, consciente o inconscientemente, tenía un trasfondo muy especial.

“El tenis era nuestra manera de pasar tiempo juntos. Yo vivía por esto, hicimos muchos viajes y torneos juntos”, recordó. En este sentido, competía en torneos locales y, al llegar a la adolescencia, su rutina diaria giraba en torno a los entrenamientos. “Salía del colegio e iba directo a entrenar. Pasaba mucho tiempo con mi papá, eso me ayudó a sentir el peso de la separación de una manera más sana, pasábamos las fiestas juntos”, aseguró.

A los 19 años, Stefano dio un salto importante al mudarse a Estados Unidos, donde se alejó de Argentina. Gracias a su talento en el tenis, recibió una beca para estudiar en la Georgia Southern University, una de las universidades más prestigiosas con ligas deportivas en Estados Unidos. Allí, se destacó tanto en la cancha como en el aula. “A través del deporte, conseguí formarme como profesional. Me gradué como licenciado en Psicología”, comentó, orgulloso de haber fusionado sus dos pasiones: el deporte y la academia.

Durante su paso por la universidad, se convirtió en el capitán del equipo y fue nombrado MVP (jugador más valioso) durante tres años consecutivos. Al finalizar su licenciatura, fue contratado en un lugar donde también aplicó sus conocimientos en psicología deportiva. Cuando llegó la pandemia en 2020, se presentó una nueva oportunidad: en Indiana Wesleyan continuó jugando y cursando una maestría en Administración de Negocios (MBA). “Fue una etapa de crecimiento. Seguí y logré posicionarme en los primeros lugares del ranking de dobles y singles a nivel nacional”, relató.

Al graduarse, había alcanzado el segundo puesto en el cuarto lugar. Tras su regreso a Argentina, se abrió un nuevo horizonte en su vida. Después de haber vivido en Estados Unidos, decidió regresar a Buenos Aires en 2023. El motivo principal de su regreso fue la familia. “Siempre los extrañé. Cada diciembre volvía, pero cada vez me costaba más irme”, confesó. Su vuelta marcó un reencuentro con sus seres queridos y la búsqueda de nuevos desafíos en su país.

“Ahora estoy probando suerte en el modelaje. Ya he hecho algunas campañas y pronto voy a debutar en un evento inclusivo en Usina del Arte”, contó, emocionado por esta nueva faceta de su vida. Además, comparte un vínculo especial con su melliza, Brenda, quien ha sido un apoyo incondicional. “Es un lazo que va más allá de la competencia por la atención de nuestros padres. Desde que nacimos, nos relacionaron y teníamos la necesidad de destacarnos en áreas distintas: el arte”, explicó.

Por otro lado, habló sobre la relación cercana que tiene con su media hermana, Bárbara Coppola, fruto de la relación de su madre con Guillermo. “Viví hasta mis 18 años con ella, que es mayor, y la vi como una mentora. Le pido consejo sobre muchos aspectos de mi vida”, agregó. En cuanto a la situación política del país, mencionó que ha vivido un cambio importante en la dinámica familiar: su madre, tras oficializar su relación con Javier Milei, comenzó a salir con él. “Me enteré y supe que era algo serio. Conocí a un tipo tranquilo, sensible, que escucha y brinda tiempo”, aclaró.

A pesar de que esto implica tener un padrastro, afirmó que lo toma con calma. “Estuve acostumbrado a tener una familia así, nunca me sentí incómodo. Estoy feliz con el tono tranquilo de la situación”, concluyó. Finalmente, destacó que su madre sigue siendo una figura importante en su vida, un pilar que lo ha mantenido centrado tanto dentro como fuera de las canchas. Actualmente, analiza proyectos vinculados al modelaje y enfrenta una posible oferta laboral en Río de Janeiro. “Me quieren como parte de un proyecto”, expresó, confirmando que está analizando la posibilidad de viajar a Brasil para probar suerte. Sin embargo, valora lo que tiene en este momento.

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