El humorista Sandy, conocido por su estilo único y su conexión con el público, dejó una huella imborrable en el Festival de Viña del Mar, donde su legado perdura a través de sus icónicos chistes.
Sandy, el legendario comediante de origen argentino, se destacó en la escena humorística de Bolivia y Chile durante la década de los noventa. Su primera aparición en el Festival de Viña se produjo tras ganar un concurso en un programa de televisión, donde su humor ingenioso y absurdo, libre de groserías, lo convirtió en un favorito del público. En su debut, Sandy se presentó con una rutina que incluía chistes sobre médicos, mentirosos y estereotipos culturales, lo que le valió una segunda presentación ese mismo año.
Con el tiempo, Sandy se consolidó como un humorista de renombre, regresando al Festival en 1999 con un repertorio que incluía sus clásicos chistes de gangosos y gallegos. Uno de sus chistes más emblemáticos, el del taxista y el español, se convirtió en un sello de su carrera. Aunque no lo presentó en su primera actuación en 1993, este chiste se volvió recurrente en sus presentaciones televisivas y en teatros, siendo un favorito del público.
Durante su actuación en 1999, Sandy hizo un guiño a su famoso chiste, lo que provocó que el público comenzara a corearlo. “Gracias Chile lindo. Les pertenezco. Y… ahora… quisiera… contarles… como… me… conocieron”, dijo, anticipando la historia que todos esperaban. La Quinta Vergara estalló en aplausos y risas, convirtiendo el relato en una experiencia colectiva donde el público se unió en la celebración del humor.
Sandy regresó al Festival en el año 2000, a pesar de sus problemas de salud derivados de la diabetes, que lo llevaron a usar muletas. Sin embargo, su carisma y conexión con el público se mantuvieron intactos, logrando nuevamente el aplauso y la ovación del público. En su última presentación, aunque no utilizó sus chistes más conocidos, el cariño del público fue evidente, y su legado se consolidó como uno de los momentos más memorables del Festival.
El humor de Sandy, caracterizado por su simplicidad y su capacidad de conectar con la audiencia, ha dejado una marca en la cultura humorística de Chile. A pesar de su fallecimiento en 2005, su influencia perdura, y su estilo de humor blanco sigue siendo recordado y celebrado por generaciones.

