El artista Máximo Corvalán-Pincheira presenta su obra “Isla y Topografías del agua” en Queenstown, Nueva Zelanda, a partir del 27 de septiembre de 2025.
La exposición, que se desarrolla en Te Atamira, incluye un invernadero flotante montado sobre una plataforma en la orilla del lago Wakatipu. Este invernadero, que forma parte de una acción performativa titulada “Raft Launch”, fue inaugurado el 3 de octubre de 2025 y busca generar un diálogo entre las plantas nativas de Aotearoa y Rapa Nui, así como entre el público y las voces de los habitantes locales. Desde el interior del invernadero, se proyectan entrevistas realizadas por Corvalán-Pincheira en sus viajes a lo largo de los años, específicamente en 2013, 2018 y 2025, complementadas con sonido que se difunde a través de altavoces y códigos QR.
Corvalán-Pincheira, quien cuenta con una trayectoria de 25 años, ha desarrollado su práctica artística en diversos contextos, incluyendo la Patagonia, Corea del Sur y Europa. Su obra se caracteriza por la articulación de acción, documento y colaboración transnacional, donde las repeticiones instrumentales no buscan la evolución estilística, sino la acumulación de aprendizajes técnicos y ético-estéticos. La historia personal del artista, marcada por el exilio y el desplazamiento, influye en su trabajo, que aborda la fragilidad y la deriva como herramientas de conocimiento situadas.
La instalación presenta una economía de medios deliberada, utilizando materiales como madera, barriles, lona semitransparente y tierra que sostiene especies compartidas entre Rapa Nui y Aotearoa. El uso de un motor eléctrico en esta versión del proyecto es resultado de aprendizajes previos, como el remo de bambú en Corea y las balsas a la deriva en la Patagonia. Este enfoque busca mantener un “arreglo” auto-ecológico, evitando la conversión de la obra en un objeto de consumo.
Uno de los aspectos destacados del proyecto es la intervención sobre mapas locales, donde Corvalán-Pincheira blanquea las superficies terrestres para resaltar las hidrografías, invitando a una reflexión sobre la soberanía y las fronteras. La proyección de testimonios de habitantes insulares y migrantes convierte la embarcación en un “dispositivo de documentación” que promueve la escucha y la deliberación pública en un contexto de creciente olvido.
Las especies vegetales incluidas en la obra, como el kūmara y el helecho, representan principios de historia y contacto cultural, desafiando narrativas de aislamiento y resaltando intercambios biológicos previos a la colonización. La participación de residentes latinoamericanos en Queenstown, quienes aportaron plántulas, ha permitido que la obra se conecte con redes locales, convirtiéndose en un “nodo comunitario”.
El proyecto, que forma parte de un programa público en Aotearoa, busca ampliar diálogos y análisis simbólicos, aunque también enfrenta el riesgo de ser reificado en un contexto de fricción política. La continuidad de la obra dependerá de convenios de seguimiento y redes de cuidado que sostengan el tejido relacional necesario para que la performance no se reduzca a un mero símbolo ecologista.
La exposición estará abierta al público hasta el 30 de enero de 2026 y es gratuita, ofreciendo una oportunidad para reflexionar sobre las responsabilidades colectivas en las políticas del cuidado y la relación entre el arte y el medio ambiente.

