Una velada de cueca en 2015 en Valparaíso marcó un cambio radical en la vida de Gonzalo Muñoz Tapia, quien actualmente reside en Bruselas, Bélgica, desde 2018. Este encuentro fortuito con la belga Manon Mossakowski, su futura esposa, lo llevó a dejar su vida en Chile y comenzar una nueva etapa en Europa.
Gonzalo, de 39 años y oriundo de Playa Ancha, Valparaíso, nunca había considerado la posibilidad de emigrar, ya que trabajaba como kinesiólogo en su ciudad natal. Sin embargo, su vida dio un giro inesperado cuando conoció a Manon, quien llegó a Chile para un intercambio de medicina. A pesar de que inicialmente tenía planes de ir a Costa Rica, un cambio de última hora la llevó a Viña del Mar, donde se interesó por conocer los cerros de Valparaíso.
El destino quiso que un amigo en común los presentara, y tras un recorrido por la ciudad, terminaron en un bar donde se bailaba cueca. Gonzalo recuerda con alegría cómo, tras cantar y bailar, surgió un “flechazo” entre ellos. Desde ese momento, su relación se consolidó a través de viajes y visitas, a pesar de las dudas que enfrentaron por la distancia y la geografía.
“El amor que surgió en un ‘carrete cuequero’ se fortaleció con el tiempo”, comenta Gonzalo, quien destaca que, a pesar de las dificultades, decidieron construir un futuro juntos. En su vida en pareja, Gonzalo se describe como espontáneo y “porteño”, mientras que Manon es más estructurada y práctica.
La decisión de mudarse a Bélgica no fue sencilla. Gonzalo vendió sus pertenencias y dejó su trabajo, llegando al país europeo sin papeles. Sin embargo, gracias al apoyo de Manon, pudo regularizar su situación y solicitar la residencia. “Para el chileno que se viene a trabajar puede ser superduro, [al principio] no puedes salir ni viajar y no te alcanza la plata para nada”, explica.
Bélgica, aunque no es un destino común para inmigrantes, se ha convertido en su hogar. El país, que se divide en comunidades flamenca y francesa, así como en regiones federales, ofrece un entorno cosmopolita, siendo Bruselas la capital de facto de la Unión Europea. Gonzalo destaca que, a pesar de los altos impuestos, el sistema de salud y educación es accesible y de calidad, lo que le brinda tranquilidad a él y a su familia.
Gonzalo y Manon tienen dos hijas, Alba, de cuatro años, y Celeste, de siete meses, y actualmente están en proceso de adquirir una casa en Bruselas. A pesar de su nueva vida, Gonzalo mantiene viva su conexión con la cultura chilena, dirigiendo Trino Colectivo, un grupo que promueve la cueca en Europa. Su objetivo es llevar esta expresión folclórica a un público más amplio, afirmando que “la gente que menos sabe de cueca es la más motivada para nutrir el proyecto”.
Después de ocho años en el extranjero, Gonzalo siente nostalgia por su tierra natal, recordando con cariño los cerros de Valparaíso y el océano Pacífico. “La esencia sigue estando ahí”, concluye, reflejando su amor por su hogar y su deseo de compartir su cultura en el extranjero.

