Un grupo de 93 jóvenes chilenos fue enviado a la Unión Soviética para capacitarse en maquinaria agrícola, pero su viaje se tornó en una experiencia de incertidumbre tras el Golpe de Estado de 1973 en Chile.
La modernización agraria de Allende y un viaje sin retorno
Durante el gobierno de Salvador Allende, más de 70 mil familias campesinas se beneficiaron de las reformas agrarias implementadas, que incluyeron expropiaciones y la creación de asentamientos para agricultores. Estas medidas mejoraron las condiciones de vida de los campesinos, tanto adultos como niños, a quienes se les proporcionaron herramientas para profesionalizar su trabajo. En este contexto, el Estado chileno organizó el intercambio de 93 campesinos, con edades entre 15 y 22 años, incluyendo a cuatro mujeres, quienes viajaron a la Unión Soviética con el objetivo de capacitarse como mecánicos tractoristas y adquirir conocimientos técnicos relacionados con la agricultura. Este viaje se realizó el 4 de septiembre de 1973, en un marco de colaboración y hermandad entre Chile y la URSS.
El propósito de esta beca otorgada por el gobierno soviético era modernizar la vida y las capacidades laborales de estos jóvenes, quienes provenían de un entorno rural conservador y estaban alejados de los avances tecnológicos. Muchos de ellos no habían completado su educación media, lo que hacía de esta oportunidad un sueño para los participantes. El viaje comenzó con un vuelo en un avión Ilyushin desde Santiago a Moscú, seguido de un trayecto en tren, que incluyó una breve visita al Kremlin y la Plaza Roja. Finalmente, llegaron a la ciudad de Akhtyrskiy, donde pasarían los siguientes tres años formándose como agricultores.
La llegada a Akhtyrskiy y el Golpe de Estado
La ciudad de Akhtyrskiy, con una población de aproximadamente 20,000 habitantes, recibió a estos jóvenes chilenos con música y aplausos. Sin embargo, la alegría inicial se tornó en angustia y tristeza cuando, a los pocos días de su llegada, se produjo el Golpe de Estado en Chile el 11 de septiembre de 1973, que resultó en la muerte de Allende. Los jóvenes, que apenas habían comenzado a aprender el idioma ruso, no recibieron la noticia de inmediato. La información llegó a través de la televisión y los periódicos soviéticos, lo que generó una profunda preocupación entre ellos.
Los campesinos chilenos recordaron que los rusos se limitaban a decirles: “Allende, pum, pum”, mientras mostraban su tristeza. A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Chile y la URSS, el gobierno soviético decidió continuar con las becas y permitir que los jóvenes completaran sus estudios técnicos, ya que no contaban con pasaportes, consulado ni embajada chilena, lo que los dejaba en una situación de mayor vulnerabilidad.
La vida en la Unión Soviética y el retorno a Chile
En 1976, tres años después del Golpe de Estado, un diario chileno intentó cubrir la situación de estos jóvenes, aunque erróneamente los describió como “200 niños presos” en tierras rusas. Para ese momento, los campesinos ya habían finalizado sus estudios técnicos, pero el interés del gobierno chileno, controlado por los militares, fue nulo. La incertidumbre sobre su futuro se prolongó durante décadas.
Gracias a una investigación del escritor Cristián Pérez, se documentó la historia de estos jóvenes en el libro ‘Viaje a las Estepas’, publicado en 2018. En este texto, se relata cómo los agricultores lograron intercambiar escasas cartas con sus familias, aunque muchas se perdieron debido a la imposibilidad de cruzar la cortina de hierro durante la Guerra Fría. De los 93 jóvenes, 45 lograron graduarse en Akhtyrskiy, pero sin respuestas sobre su repatriación, muchos comenzaron a emigrar a otras ciudades rusas como Moscú, Rostov e Ivánovo, e incluso a otros países de la URSS como Moldavia, Azerbaiyán, Bulgaria y Ucrania. Algunos se convirtieron en militares comunistas, mientras que más de una veintena optó por continuar sus estudios universitarios. El primer fallecido entre ellos fue Segundo Serrano, quien murió ahogado en el río Volga.
La primera en regresar a Chile fue Myriam Martínez en 1984, quien pudo dedicarse a la agricultura, aplicando lo aprendido en Rusia. Ese mismo año, un grupo de jóvenes regresó para unirse a la policía militar del Partido Comunista, aunque esta iniciativa fracasó en 1986 y se disolvió definitivamente en 1990, con la llegada de Patricio Aylwin al poder tras 17 años de dictadura.
Años después, más campesinos comenzaron a regresar a Chile, pero su reintegración no fue fácil. Según Pérez, “El Estado de Chile no tuvo una política de acogida ni acompañamiento. Se les miró con desconfianza, ya que venían de un país que dejó de existir (Unión Soviética), donde habían estudiado marxismo-leninismo”. En total, el libro recopiló información sobre 74 de los 93 jóvenes enviados a la URSS, revelando sus angustiosas historias de vida. En 2023, con motivo del 50 aniversario de su viaje, los agricultores se reunieron en la sede de la Confederación Nacional Sindical Campesina, del Agro y Pueblos Originarios, donde, como veteranos, pudieron compartir y recordar sus vivencias.
Verónica Cortés, una de las cuatro mujeres que viajaron en 1973, expresó en esta reunión: “Los lazos con la patria se cortaron definitivamente, porque no había ninguna relación diplomática o de ningún tipo, y nos tocó madurar de un día para otro”.
La historia de estos jóvenes chilenos en la Unión Soviética es un testimonio de la complejidad de la historia reciente de Chile y de las experiencias vividas por aquellos que se vieron atrapados en un contexto político y social tumultuoso.

