
El primer monumento en honor a Ernesto ‘Che’ Guevara fue inaugurado en Chile en 1970, pero su paradero sigue siendo un misterio tras su desaparición en 1973.
A principios de la década de 1970, se erigió en Chile el primer monumento del mundo dedicado al guerrillero argentino Ernesto ‘Che’ Guevara, ubicado en la comuna de San Miguel. Esta imponente estatua de bronce, que pesaba 1.400 kilos y alcanzaba una altura de seis metros, fue inaugurada en una ceremonia el 9 de octubre de 1970, coincidiendo con el tercer aniversario de la muerte del Che en Bolivia. Sin embargo, solo cinco días después del Golpe de Estado de 1973, la estatua fue retirada de su pedestal y su paradero actual sigue siendo un misterio.
Joaquín Fernández, académico e investigador de la Escuela de Historia de la Universidad Finis Terrae, proporcionó detalles sobre este enigmático suceso en una conversación con BioBioChile. La estatua fue impulsada por Tito Palestro Rojas, alcalde de San Miguel, quien en su discurso inaugural destacó que el monumento no solo honraba al Che, sino también a los sacrificios del pueblo a lo largo de la historia. La obra, que tuvo un costo total de 300 mil escudos, fue realizada por el pintor y muralista Praxíteles Vásquez.
Fernández contextualizó la importancia de San Miguel en ese momento, señalando que la comuna tenía una fuerte presencia de la izquierda y era conocida como una “zona roja”. En la década de 1960, esta área era reconocida por su actividad industrial y su población comprometida con ideales socialistas. La ceremonia de inauguración incluyó un desfile que recorrió la Gran Avenida y culminó con el descubrimiento de la estatua, que impresionó a los asistentes por su tamaño y simbolismo.
Sin embargo, la estatua no fue bien recibida por la oposición política, que la consideró una provocación. Desde su instalación, el monumento enfrentó varios intentos de vandalismo, incluyendo un ataque con explosivos en enero de 1972 que dañó su base y otro en abril de 1973 que le voló la cabeza. La situación culminó el 16 de septiembre de 1973, cuando, tras el golpe militar liderado por Augusto Pinochet, El Mercurio informó que la estatua había sido “arrancada de su pedestal por una patrulla militar” y trasladada a un lugar desconocido.
El régimen militar, bajo la Operación Cóndor, llevó a cabo una serie de acciones para eliminar símbolos de la izquierda, incluyendo la destrucción de murales y otras obras de arte. Fernández destacó que existía una clara intención de borrar el legado artístico de la izquierda en el espacio público, lo que se evidenció en la demolición de murales emblemáticos.
El destino de la estatua de Guevara ha permanecido sin resolver durante más de cinco décadas. Juan Pablo Meneses, periodista y autor del libro “Revolución” (2024), ha investigado este misterio y expresó su asombro ante la desaparición de un monumento tan significativo. En una entrevista con la BBC, Meneses comentó: “Es tremendo que nadie sepa dónde está. Cómo desaparece algo tan grande, tan macizo, cómo nadie -ni del mundo político ni del artístico- nunca denunció su pérdida”. Recientemente, Meneses recibió información que sugiere que la estatua podría haber sido destruida, aunque esta afirmación es objeto de escepticismo.
La figura del Che Guevara ha tenido un impacto considerable en Chile y en toda Sudamérica. Aunque su visita a Chile en 1952 fue meramente recreativa, su influencia se consolidó tras la Revolución Cubana y su participación en movimientos revolucionarios en el continente. Su papel en la Batalla de Villa Clara y su lucha en el Congo, así como su trágica muerte en Bolivia, lo convirtieron en un ícono de la izquierda, especialmente entre sectores más radicales como el Partido Socialista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Fernández subrayó que el Che se convirtió en un referente político y cultural, siendo considerado un “influencer” de su época. Su imagen y sus ideas fueron objeto de debate y admiración, y su legado se mantuvo vivo a través de sus escritos, como “Guerra de Guerrillas” y su “Diario en Bolivia”. La moda de imitar su estilo, con barbas y boinas, se extendió entre los jóvenes de la época, y la Juventud Socialista adoptó camisas de color verde olivo como símbolo de su identificación con el guerrillero argentino.