Los primeros meses de maternidad son desafiantes. Aprende a cuidar de ti misma mientras te adaptas a tu nuevo rol y a las necesidades de tu bebé.
Los primeros meses de la maternidad representan una etapa de transformación significativa y, a menudo, desafiante para muchas mujeres. Este periodo está marcado por emociones intensas, cambios físicos profundos y la constante adaptación a un nuevo rol. Las noches pueden volverse largas y el cansancio se acumula, mientras que la vida parece girar en torno a las necesidades del bebé, quien de repente se convierte en el centro de todo. Sin embargo, en medio de esta vorágine posparto, el bienestar de la madre, que también atraviesa su propio proceso de recuperación y ajuste, se vuelve fundamental. Encontrar tiempo para el autocuidado no es una tarea sencilla cuando el llanto del bebé interrumpe las pocas horas de sueño, pero esos pequeños momentos de pausa son donde se esconde el verdadero autocuidado.
El desafío radica en cómo comenzar a implementar este autocuidado. Edith Vega, doctora en psicología y asesora de la carrera de posgrado en especialización perinatal de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), afirma en diálogo con Infobae: “Ser madre no significa olvidarse de una misma”. Vega continúa explicando que “el estado de ánimo materno es central, y el desánimo puede influir en las respuestas al entorno”. La psicóloga sostiene que el equilibrio entre las demandas emocionales es crucial para crear un entorno más saludable tanto para la madre como para el bebé.
Por su parte, Luis Dimenza, médico obstetra y director de la Maternidad Oroño en Rosario, explica que tras el nacimiento del bebé, “las madres enfrentan importantes desafíos, ya sea por un parto vaginal o una cesárea, así como el dolor en los senos debido a la lactancia, que se ve exacerbado por la falta de hormonas”. Dimenza continúa: “Emocionalmente, pueden experimentar fluctuaciones en el humor, ansiedad y, en algunos casos, depresión posparto. Adaptarse a la nueva dinámica familiar y a la responsabilidad puede generar estrés”. Este periodo puede ser desafiante, ya que las madres deben ajustarse a una nueva realidad durante las primeras semanas. Esto implica atender tanto las necesidades del recién nacido como las propias, ya que descuidar estos factores puede afectar negativamente la salud de la madre y de la familia.
La primera etapa de la maternidad requiere, sin duda, un alto nivel de flexibilidad, ya que las rutinas previas deben ser reemplazadas por la atención al bebé. Un obstáculo adicional en el camino hacia el bienestar es la culpa. Es importante romper el mito de la “supermamá”. Durante el posparto, muchas mujeres experimentan un profundo sentimiento de querer dedicarse a sí mismas. Esta sensación suele surgir de la creencia de que al estar completamente entregadas al cuidado del bebé, descuidan su propio bienestar. Según Vega, la mujer se convierte en madre y “produce un cambio de identidad”. Además, algunas de ellas, dependiendo de sus características personales, son propensas a sentir malestar, por ejemplo, “cuando atienden todos los requerimientos y tienen ganas de estar disponibles 24/7, registran malestar en los tiempos iniciales de crianza y sienten que otros deseos quedan solo a disposición del bebé”, detalla la experta.
La psicóloga advierte que ciertos rasgos de personalidad, como el perfeccionismo y el miedo a equivocarse, pueden acentuar estos sentimientos y llevar a una mayor desvalorización. “Es muy común que experimenten sentimientos de culpa, ya que a menudo surge la idea de que dedicarse 100% al bebé las hace priorizar su propio bienestar como algo egoísta”, señala Manuel Francescutti, psiquiatra. Para dejar de lado esta culpa, el experto sugiere que “para manejarlo, es importante recordar que para poder cuidar de manera efectiva, se debe permitir entender que uno es una persona integral, no solo la madre del hijo”. Vega añade que “ningún error es irreversible; siempre se puede aprender de ellos y comprender que si las cosas no salen bien, es posible corregirlas”. Además, la experta señala que la crianza es un proceso gradual que requiere mucha paciencia y tolerancia. “En momentos de angustia”, aconseja, “es importante detenerse, cambiar el enfoque, tomarse un momento para una misma, pedir ayuda si es necesario y luego retomar las responsabilidades con claridad”.
El puerperio tiene beneficios clave tanto físicos como mentales para las madres, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). Estas organizaciones indican que el autocuidado puede reducir el riesgo de ansiedad y mejorar el bienestar materno. La OMS señala que descansar y alimentarse adecuadamente acelera la recuperación física, reduce la fatiga y previene complicaciones relacionadas con la falta de descanso. Además, el autocuidado favorece el vínculo madre-hijo, permitiendo que la madre esté presente emocionalmente. La Fundación Nacional del Sueño en Estados Unidos destaca que un descanso adecuado mejora la capacidad de respuesta emocional y fortalece dicha relación. La Academia Americana de Pediatría (AAP) también señala que las hormonas generadas durante el buen descanso mejoran la lactancia y el bienestar físico general.
Un estudio reciente encontró una relación clara entre el primer año de maternidad y el bienestar emocional. También se descubrió que el estado emocional del bebé puede estar influenciado por la experiencia de la madre durante el embarazo y el posparto, además de haber experimentado “baby blues” previamente, que el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos define como “tristeza posparto”, describiéndola como “cambios leves de corta duración en el ánimo, así como preocupación, infelicidad y agotamiento en las mujeres durante las dos semanas posteriores al parto”. Los resultados de esta investigación destacan la importancia del autocuidado, sugiriendo que potenciar estas habilidades es fundamental, aunque aclaran que es necesario realizar más investigaciones para identificar los factores que influyen en esta relación y explorar la causalidad.
Laura Pujadas, médica, aporta consejos prácticos para mantenerse saludable emocionalmente. Ella sugiere que para equilibrar el bienestar, es importante apoyarse en una red social, pedir ayuda y establecer una rutina flexible. Algunos consejos incluyen dormir lo suficiente, establecer prioridades y delegar tareas. En este sentido, Pujadas agrega que el hijo necesita “varias manos” para responder a los altos requerimientos cotidianos, dado el grado de dependencia del bebé. También menciona que es recomendable que la pareja participe activamente en las tareas y comparta las responsabilidades, lo que permite que ambos padres cuenten con tiempo personal. La familia extendida puede ser un gran apoyo, ayudando con otras tareas domésticas y creando espacios para el autocuidado. De este modo, es útil establecer límites claros para evitar interferencias adicionales.
Pujadas asegura que “mantenerse conectada con la identidad fuera de la maternidad es importante; seguir involucrándose en actividades que se disfrutaban antes, aunque sea poco a poco cada día”. Ella sugiere que el crecimiento personal se dará a medida que se integre aquello que se valoraba antes de la maternidad, sin exigencias excesivas. La experta distingue distintos tipos de autocuidado según la cantidad de hijos que tenga la madre. Para las primerizas, recomienda cuidarse a través de paseos cortos, meditación, lectura o escuchar música. También implica involucrar a los niños en actividades relajantes y hacer acuerdos familiares que permitan incorporar pequeñas pausas a lo largo del día para reducir el estrés.
Cuando una madre se siente distinta, agotada con frecuencia, hay ciertas pautas de alarma a las que debe prestar atención. Dimenza sugiere que es importante estar atentos a si se siente constantemente abrumada, triste o irritable, ya que esto puede interferir en su vida diaria. En tal caso, es recomendable buscar ayuda profesional. “Un psicólogo puede ofrecerle herramientas para manejar el estrés y apoyo para no posponer las señales de sobrecarga o aislamiento”, indica. Es fundamental realizar un pedido oportuno a especialistas en el área para favorecer la identificación de problemas antes de que se cristalicen y generen circuitos disfuncionales en la relación madre-hijo. Se destacan ciertos indicadores que pueden señalar la necesidad de intervención profesional.

