La adicción de Eddie Van Halen a las pastillas recetadas complicó su lucha contra el cáncer, según revelaciones de su hermano Alex en su primera entrevista desde el fallecimiento del guitarrista en 2020. Eddie comenzó a depender de esteroides recetados tras una cirugía para remover un tumor cerebral. Estas pastillas formaban parte del tratamiento para reducir la hinchazón después del procedimiento y tuvieron un efecto profundo en Eddie. “Lo hacían sentirse como Superman”, explicó Alex, quien añadió: “Si dos son buenos, veinte son mejores. Ese era nuestro mantra”. Esta mentalidad llevó a Eddie a consumir dosis cada vez mayores, hasta que un día llegó a consumir un frasco entero, lo que preocupó profundamente a su hermano.
La batalla contra el cáncer de Eddie fue larga y compleja. A pesar de las sugerencias médicas, optó por no seguir tratamientos tradicionales y buscó alternativas experimentales en Suiza. Alex relató que Eddie “luchó hasta el final” y rechazó someterse a tratamientos convencionales, lo que provocó una “mezcla tóxica” en su cuerpo debido a las terapias convencionales y al alcohol. En los últimos meses de su vida, continuó buscando soluciones para su enfermedad, aunque lamentablemente su estado se deterioró. El cáncer se extendió al cerebro y su fallecimiento ocurrió tras sufrir un derrame cerebral masivo.
A pesar de su grave estado de salud, Eddie continuó haciendo música hasta el final de su vida. Componía durante “no muy buena”, y para él, “ese objetivo” era importante, ya que la música era una parte integral de su ser. Incluso en momentos críticos, mientras se sometía a tratamientos experimentales, mantenía la actividad de componer nuevas piezas musicales.
La muerte de Eddie dejó una profunda marca en Alex, quien describe su duelo como “dolor oceánico”. En una entrevista con Rolling Stone, compartió cómo lidió con la pérdida de su compañero de vida y banda: “Me cerré. Estaba gritando, chillando. Era como si estuviera fuera de mí”. Alex admite que aún siente la ausencia de su hermano de manera intensa: “Lo extraño. Extraño nuestras discusiones. Vivo eso todos los días. Y puedo traerlo de vuelta. No puedo arreglar las cosas”. Esta devastación emocional incluso llevó a Alex a ser diagnosticado con un trastorno de estrés postraumático.
La relación entre los hermanos estuvo marcada por una cercanía inusual, siendo no solo familiares, sino también compañeros de banda y colaboradores creativos durante cinco décadas. Esta relación es el eje central de las memorias tituladas “Brothers”, que se publicarán en octubre de 2024. Este libro detalla su infancia, el apogeo de su carrera y la eventual disolución de la alineación original en 1984. Alex escribe sobre cómo “compartimos la experiencia de llegar a este país (Estados Unidos) y descubrir cómo encajar”, describiendo cómo se apoyaban mutuamente en todo, desde la familia hasta las interminables horas en el estudio y las giras que cimentaron su éxito.
Más allá de lo profesional, los hermanos compartieron sus luchas personales, incluyendo el alcoholismo. Eddie mantuvo su sobriedad en las últimas décadas, luchando contra sus propios demonios. Su legado es, según Alex, un “regalo y una maldición”. Bien considerado por muchos como uno de los mejores de su generación, esa misma presión pesó enormemente sobre él. “El hecho de que Eddie fuera increíble, pero al final, pagó un precio”, afirmó Alex en la entrevista. El uso de drogas y alcohol, explicó, fue en gran medida una forma de mitigar las ansiedades y dudas sobre su propio talento, lo que finalmente contribuyó a su deterioro físico. En ese sentido, su talento prodigioso fue, en muchos aspectos, una “maldición” que acabó cobrando un alto precio tanto personal como profesional.

