
El término “cuero vegano” se ha convertido en un símbolo de calidad en el mundo de la moda y el lujo, prometiendo la estética y la textura del cuero tradicional sin el uso de pieles animales. Sin embargo, la realidad detrás de este material es más compleja, ya que su producción puede acarrear problemas ambientales significativos.
A medida que las marcas buscan alternativas al cuero animal, el concepto de “vegano” ha evolucionado para representar opciones que son percibidas como más éticas y sostenibles. Sin embargo, el cuero vegano no es un material homogéneo; abarca desde revestimientos plásticos hasta superficies de origen vegetal, lo que ha llevado a los reguladores a cuestionar las afirmaciones de sostenibilidad que a menudo son vagas.
El auge del cuero sintético, anteriormente conocido como “cuerina”, ha sido impulsado por la demanda de productos que evitan el uso de animales. La mayoría de los cueros veganos actuales están compuestos de poliuretano (PU) o cloruro de polivinilo (PVC), que son plásticos derivados del petróleo. Aunque estos materiales son resistentes y fáciles de trabajar, su deterioro puede liberar microplásticos al medio ambiente, un hecho señalado por la Agencia Europea de Medio Ambiente.
En respuesta a las preocupaciones sobre el uso de plásticos, han surgido alternativas de cuero sintético elaboradas a partir de materiales vegetales como piñas, manzanas, uvas y cactus. Sin embargo, aunque estos productos se comercializan como sostenibles, su fabricación a menudo implica el uso de resinas plásticas que comprometen su reciclabilidad. Por ejemplo, un zapato de “cuero de piña” puede estar hecho de fibras vegetales, pero estas generalmente están unidas con plásticos, lo que dificulta su descomposición.
Un desafío importante de muchas de estas alternativas es su durabilidad. Las fibras vegetales suelen ser menos resistentes que el cuero animal, lo que lleva a que muchos productos de cuero vegano se deterioren más rápidamente. Algunos artículos de cuero vegano han reportado una vida útil de apenas dos años, lo que plantea interrogantes sobre su sostenibilidad en una economía circular que prioriza la reutilización y la reparación.
La Comisión Australiana de Competencia y Consumidores (ACCC) ha enfatizado que las etiquetas como “sostenible” o “ecológico” deben estar respaldadas por evidencia concreta. Esto implica que las marcas que utilizan el término “vegano” para insinuar un menor impacto ambiental deben poder demostrarlo a través de un análisis del ciclo de vida completo del producto.
Es importante destacar que, aunque el cuero animal también tiene costos ambientales, como las emisiones de metano y el uso de químicos en su curtido, la distinción entre “vegano” y “sostenible” es crucial. Mientras que el primero se refiere a la ausencia de productos animales, el segundo se relaciona con el rendimiento y la durabilidad del producto a lo largo de su vida útil.
La sostenibilidad no puede ser reducida a una simple etiqueta; debe medirse en función de la duración y utilidad de un producto. Por lo tanto, si las alternativas veganas desean ser verdaderamente sostenibles, deben ser diseñadas para perdurar, ya que la sostenibilidad se evalúa en años de uso, no en palabras en una etiqueta.
Este análisis fue realizado por Beth Daley, junto con Caroline Swee Lin Tan y Saniyat Islam, académicos de la Universidad Real Instituto de Tecnología de Melbourne.