La computación cuántica redefine el procesamiento de información mediante el uso de cúbits, que permiten realizar cálculos complejos a una velocidad sin precedentes.
La computación cuántica representa un avance significativo en la forma en que se procesa la información. A diferencia de los ordenadores tradicionales que operan con bits, que pueden estar en un estado de 0 o 1, los ordenadores cuánticos utilizan cúbits. Estos cúbits tienen la capacidad de estar en múltiples estados al mismo tiempo gracias al fenómeno conocido como superposición. Además, los cúbits pueden entrelazarse mediante el entrelazamiento cuántico, lo que implica que el estado de un cúbit puede estar interconectado con el de otro, sin importar la distancia que los separe.
Este comportamiento cuántico permite a los ordenadores cuánticos realizar cálculos que serían inviables para un ordenador clásico en un tiempo razonable. Por ejemplo, tienen el potencial de simular interacciones moleculares complejas, mejorar la criptografía existente y resolver problemas de optimización que involucran numerosas variables. Esto los convierte en herramientas especialmente prometedoras para el desarrollo de nuevos materiales, simulaciones físicas avanzadas y la creación de sistemas de comunicación completamente seguros.
La computación cuántica se fundamenta en principios de la mecánica cuántica, destacando tres fenómenos clave: la superposición, el entrelazamiento y las puertas cuánticas.
En cuanto a la superposición, en un ordenador clásico, los bits pueden estar en un estado de 0 o 1. En contraste, los cúbits pueden existir en una superposición de ambos estados simultáneamente, lo que les permite representar múltiples combinaciones de 0 y 1 al mismo tiempo. Esta capacidad incrementa la potencia de procesamiento en ciertas tareas. Para ilustrar este concepto, se puede comparar un bit clásico con una moneda lanzada al aire: mientras está en el aire, la moneda está en una superposición, mostrando ambas caras “a la vez”. Este estado es aprovechado en la computación cuántica para llevar a cabo múltiples cálculos de manera simultánea.
El entrelazamiento es otro fenómeno cuántico que permite que los cúbits estén interconectados de tal forma que el estado de uno puede afectar directamente al estado de otro, incluso si se encuentran a grandes distancias. Si se mide un cúbit y se altera su estado, el otro cúbit también cambiará de inmediato, lo que facilita el procesamiento de información de manera coordinada a una escala sin precedentes. Este entrelazamiento es esencial para la creación de ordenadores cuánticos que puedan realizar cálculos complejos, ya que permite que varios cúbits colaboren de manera más eficiente que los bits clásicos.
Las puertas cuánticas, al igual que las puertas lógicas en un ordenador clásico, manipulan los cúbits a través de operaciones lógicas. Sin embargo, las puertas cuánticas permiten cambios en los estados superpuestos y entrelazados de los cúbits, aprovechando las propiedades cuánticas únicas para ejecutar algoritmos especializados.
La computación cuántica emplea una variedad de materiales y tecnologías para construir cúbits, dependiendo del enfoque adoptado. Entre los principales materiales se encuentran:
– Iones atrapados: Se utilizan átomos cargados eléctricamente (iones) que son manipulados mediante campos eléctricos y láseres.
– Cúbits superconductores: Estos emplean circuitos superconductores, que permiten la circulación de corriente sin resistencia a temperaturas cercanas al cero absoluto. Los cúbits superconductores son controlados mediante técnicas de fotolitografía.
– Fotones: Los cúbits pueden formarse utilizando la polarización de los fotones, lo que permite una computación cuántica basada en la luz.
– Defectos en cristales: Centros de defectos, como los defectos de vacantes de nitrógeno en diamantes, pueden actuar como cúbits al ser manipulados mediante luz y campos magnéticos.
Cada uno de estos enfoques busca lograr una mayor estabilidad y resistencia a la decoherencia, además de mejorar la escalabilidad de los sistemas cuánticos.
En la actualidad, la computación cuántica se encuentra en sus primeras etapas, con algunos prototipos funcionales. Empresas como IBM y Google han desarrollado ordenadores cuánticos que cuentan con menos de 100 cúbits. En 2019, se alcanzó un hito significativo cuando un ordenador cuántico logró superar a un superordenador clásico en una tarea específica, un evento conocido como supremacía cuántica.
No obstante, los desafíos son numerosos. Los cúbits son extremadamente inestables y susceptibles a influencias externas, lo que provoca que pierdan su estado cuántico en un proceso denominado decoherencia. Para que los ordenadores cuánticos puedan abordar problemas prácticos y ser útiles de manera generalizada, se requiere un número elevado de cúbits, lo que incrementa considerablemente la posibilidad de errores.
Existen diferentes enfoques para superar estos desafíos, como el desarrollo de cúbits más robustos y técnicas que permitan minimizar los errores. También se están investigando métodos alternativos, como el recocido cuántico, que aunque es más limitado, ya ha sido aplicado en áreas como la optimización logística.
A pesar de las dificultades, el campo de la computación cuántica avanza rápidamente. Aunque las aplicaciones prácticas a gran escala pueden tardar años en materializarse, los avances actuales sugieren que esta tecnología transformará profundamente áreas clave de la ciencia y la tecnología.

