
El Centro Cultural Borges ha inaugurado una serie de seis exposiciones temporales que ofrecen una nueva perspectiva sobre las artes visuales contemporáneas en Buenos Aires. Entre las propuestas más destacadas se encuentra la proyección de la película “Bloody daughter”, dirigida por Stéphanie Argerich, que se exhibe en la Sala Artefacta con cinco horarios diarios: 13:05, 14:40, 16:15, 17:50 y 19:25. Este film, que ha sido realizado a lo largo de dos décadas y en escenarios tan diversos como Varsovia, Japón, Londres, Bélgica, Argentina y Suiza, ofrece un retrato íntimo de la vida familiar de la pianista Martha Argerich y su relación con su hija Lyda. La obra, compuesta por secuencias documentales, muestra tanto la cotidianidad de los ensayos y actuaciones, como reuniones familiares que permiten al público acceder a una perspectiva personal y profunda de los protagonistas.
En el Espacio Fotografía, la exposición “Observatorio”, curada por Mercedes Claus, reúne trabajos de Marcos Calvari, Maia Gattás y Vargas. Estas obras exploran la representación visual de fenómenos atmosféricos del espacio exterior, cuestionando la aspiración humana de comprender y controlar lo desconocido. La muestra presenta planisferios topográficos de Encelado y Dione, satélites de Saturno, obtenidos a partir de imágenes capturadas por sondas espaciales. Además, se inspira en los primeros meteorólogos del siglo XIX para investigar aproximaciones científicas a los fenómenos climáticos, desplegando dispositivos ópticos basados en técnicas históricas de medición, así como piezas audiovisuales que recopilan material de archivo sobre nubes, rayos y arcoíris.
La obra “Enciclopedia” de Juan Andrés Videla, bajo la curaduría de Fernando Farina, se encuentra ubicada en Bon Marché y propone una experiencia contemplativa centrada en el fragmento y la repetición. Las obras, dispuestas como anotaciones visuales, invitan a una observación pausada y atenta, alejándose de la lógica productiva contemporánea. Esta exposición no sigue un eje cronológico ni temático cerrado, sino que se presenta como una constelación que sugiere y enuncia, promoviendo una percepción abierta y sensible.
En el Octógono, la instalación “Campesina roja” de Carlos Huffmann reconstruye de manera fantasmagórica una cosechadora destruida por el fuego en la pampa húmeda argentina. Esta obra, elaborada con paneles de fibra de vidrio y estructuras de chatarra recolectada de la zona, evoca los ciclos de invención, uso y obsolescencia de la tecnología agrícola. La pieza presenta una genealogía interna de la maquinaria productiva, en paralelo a los procesos biológicos humanos dentro del ecosistema.
La instalación “El porvenir” de Franco Fasoli, curada por Joaquín Barrera, revisa tres momentos de la historia argentina en relación al diseño del “ser nacional” a través de esculturas de gran y mediano formato, así como pinturas en tabla y un tríptico que representa distintas etapas históricas. Esta obra incorpora elementos de humor, crítica y fantasía iconográfica, generando un diálogo entre el espacio y las piezas expuestas.
Por último, la obra circular “Cápsula” de Mauro Koliva explora la combinación de precisión y plasticidad a través de la plastilina, creando personajes cuyas formas remiten a órganos y texturas blandas de máquinas sin función definida. El propio artista describió su trabajo como parte de un “imaginario vitalista fantástico, deudor de ciertas tradiciones de la literatura de ciencia ficción, gráfica under de los años 70 y 80, y del universo radioactivo de los dibujos animados”.
Además de estas nuevas propuestas, continúan en exhibición las muestras “Más Aquí. Polesello 1970-2000”, “Asombro” de Sebastián Verea y “Veo Veo” de Leo Ocello. Las exposiciones pueden ser visitadas de miércoles a domingo, de 14 a 21 horas, con entrada gratuita.