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Carmen Ortega, la nadadora que superó un accidente, brilla con medallas en el Mundial de Aguas Gélidas a sus 51 años

Carmen Ortega
Carmen Ortega

Marzo ha sido un mes destacado para la atleta chilena Carmen Ortega, quien ha cosechado medallas de oro, plata y bronce en el Mundial de Aguas Gélidas celebrado en Oulu, Finlandia. En una entrevista con BioBioChile, Ortega, de 51 años y oriunda de Tomé, compartió su experiencia en esta exigente disciplina que implica nadar en temperaturas bajo cero. “Estoy cansadita, pero han sido días de alegría”, expresó la deportista, reflejando su emoción tras el evento.

Desde su infancia, Carmen ha estado influenciada por su familia, especialmente por su abuelo, el futbolista José Luis Ferrada, y su hermano, el exarquero Carlos Ortega. “He nadado toda la vida, pero nunca tuve la dicha de haber ocupado una piscina de chica”, comentó, recordando que aprendió a nadar en el mar. A los cinco años, sus tíos la lanzaron desde un bote al agua, lo que marcó el inicio de su relación con el océano. “El mar te deja entrar, pero no a todo el mundo deja salir”, reflexionó sobre su respeto hacia el mar.

Sin embargo, su trayectoria no ha estado exenta de dificultades. En 2014, un grave accidente mientras trabajaba como salvavidas casi le cuesta la pierna derecha. “Me dijeron que no iba a volver a formar masa muscular y que iba a cojear”, recordó Ortega, quien tras un largo proceso de recuperación, logró volver a practicar deporte en 2018. A pesar de las adversidades, su determinación la llevó a competir profesionalmente en natación, obteniendo buenos resultados desde el inicio.

Carmen ha participado en diversas competencias, incluyendo el Sudamericano Master en Paraguay y el Panamericano en Colombia, donde también logró podios. Su incursión en las aguas gélidas comenzó tras una frustrada inscripción en una competencia en Japón, lo que la llevó a participar en la Copa del Mundo de Natación de Invierno en el glaciar Perito Moreno, Argentina, donde se destacó en varias pruebas, incluyendo los 25, 50 y 200 metros, y se coronó campeona mundial en la prueba de mil metros.

La atleta ha adaptado su entrenamiento a las condiciones de su país, donde las temperaturas del agua no suelen bajar de los 8°C. “Los sudamericanos no vamos mucho a estos campeonatos y la única forma de entrenar que nosotros tenemos es hacer una inmersión en hielo”, explicó Ortega, quien también enfatizó la importancia de la respiración y la precaución ante el riesgo de hipotermia durante sus entrenamientos.

Carmen entrena intensamente, comenzando sus jornadas a las cinco de la mañana en la Playa el Morro de Tomé o en la Laguna Chica de San Pedro de la Paz. A pesar de los desafíos, su motivación proviene de sus hijos, Nicolás y Rodrigo, a quienes dedica su esfuerzo diario. “Ellos son todo para mí”, afirmó.

A pesar de sus logros, Ortega ha enfrentado dificultades financieras para costear sus viajes y competencias. “No vivo del deporte, incluso este viaje fue totalmente pagado por mí”, lamentó, subrayando la necesidad de apoyo y patrocinadores para continuar compitiendo. “Necesito auspiciadores, porque sin plata no baila el monito”, bromeó, pero con un trasfondo de seriedad sobre su situación.

Recientemente, Carmen fue nombrada Hija Ilustre de Tomé, un reconocimiento que celebra su dedicación y sacrificio. “La gente me vio en distintas facetas, como atleta, salvavidas o tens, con altos y bajos, mientras observaban mi camino”, comentó sobre este honor.

Para Carmen Ortega, nadar no es solo un deporte, sino una forma de vida que le brinda libertad. “Me siento como en casa. Me siento viva”, concluyó, reflejando su pasión por la natación y su compromiso con la alta competencia, a pesar de haber comenzado su carrera en este ámbito después de los 40 años.

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