
El legado artístico de Caravaggio sigue revelando obras casi desconocidas, como El retrato de Monseñor Maffeo Barberini, que se exhibe por primera vez al público en las Galerías Nacionales de Arte Antiguo de Roma. Esta pintura, que representa a un noble que más tarde se convertiría en el papa Urbano VIII, se encuentra en una pequeña sala oscura, donde los detalles de la obra son tan vívidos que parecen fotográficos.
El director de la institución, Thomas Clement Salomon, comentó: “Este es todo lo que querían ver. Nunca fue expuesto al público, nunca prestado para una exposición, visto en un museo”. Salomon también destacó que el préstamo de esta obra es de gran valor para el museo, que ya cuenta con una colección permanente de otras obras del artista, la cual define como “la colección más importante del mundo”.
Los retratos de Caravaggio son considerados “muy raros” en su trayectoria artística, y este retrato representa un hito “trascendental” en la historia del arte, ya que “finalmente está a disposición de todos”, según Salomon. La existencia de esta obra era conocida desde que un experto en arte la reveló en 1963, y numerosos especialistas han atribuido su autoría a Caravaggio. Sin embargo, la obra no había sido vista en las últimas décadas, ya que pertenecía a una colección privada, de la cual ahora se ha tomado la decisión de exponerla. La pintura podrá ser vista hasta el 23 de febrero de 2025 en el Palacio Barberini, como parte de la exhibición dedicada a Caravaggio.
La comisaria de la exposición, Paola Nicita, explicó que esta obra es un complejo exponente del Barroco y que Roma fue uno de los epicentros artísticos de la época. Nicita afirmó: “Caravaggio fue uno de los grandes pintores de su tiempo. La esencia de su revolución estuvo en pintar lo natural, observar la realidad de las cosas y de los hombres y llevarlas al centro”. En el caso de la obra expuesta, “pone justo en el centro la figura humana, representada sin filtros, con inmediatez”, logrando captar la acción y el sentido de unidad.
La pintura está construida con pocos elementos y juega enteramente con la fuerza de la oscuridad, algo característico del estilo de Caravaggio. Nicita destacó que en la obra sobresalen los gestos del retratado, un aristócrata religioso montado a caballo, vestido con una cofia y una sotana sobre una túnica blanca, indumentaria propia de la clase dirigente que encargó dejar plasmada su imagen en el arte.
Los gestos son poderosos: una mano sostiene una carta, mientras que la otra señala hacia nosotros. Nicita describió la obra como “hipnótica y extraordinaria”, y añadió que “no es estática, áurica ni retórica, tiene monumentalidad y permite establecer una intimidad a través de los siglos”.
La curadora también mencionó que la obra regresa a Roma, donde Caravaggio alcanzó su madurez estilística. Nicita concluyó que esta obra “probablemente fue vista y estudiada por otros artistas de la época, como Velázquez o Bernini”.
La exposición de esta obra de Caravaggio representa una oportunidad única para apreciar el arte de uno de los maestros más influyentes del Barroco.