
La figura de Beatriz Sarlo ha sido fundamental en el ámbito cultural y académico argentino, especialmente en el contexto de la literatura y la crítica social. En una de las últimas ocasiones en que se la vio, durante una cena con un grupo de personas, Sarlo compartió una reflexión profunda sobre la fortaleza en tiempos difíciles, afirmando: “Los que somos fuertes, fuertes”. Esta frase resonó especialmente tras la reciente pérdida de su compañero, el cineasta Rafael Filippelli, lo que añade un contexto emocional a sus palabras.
Sarlo ha sido una figura destacada en la militancia política y académica, habiendo sido parte de un movimiento maoísta en su juventud. Su trayectoria incluye ser profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde se incorporó tras la restauración de la democracia en Argentina. Durante la última dictadura militar, Sarlo participó en un red de estudio clandestino que se organizó en su casa, lo que refleja su compromiso con la educación y la resistencia cultural.
Con la llegada de la democracia, su nombre se convirtió en uno de los más reconocidos en el ámbito académico, donde sus lecturas cruzaban lo social, lo político y lo literario. En la década de 1980, Sarlo fue parte de una camada de estudiantes que ingresaron a la facultad en un contexto de transición, donde se discutían temas de censura y la importancia de la literatura. En este contexto, se escuchaban afirmaciones como que la obra de Manuel Puig era considerada literatura digna de estudio, a pesar de las resistencias que existían en ese momento.
Sarlo y sus contemporáneos se enfrentaron a un panorama literario que exigía una comprensión profunda de las vanguardias europeas y de cómo la capital argentina se había vuelto un espacio ferozmente cosmopolita. En este sentido, se discutía el valor de lo nuevo y cómo la literatura podía reflejar y dar sentido a los cambios sociales y culturales que se estaban produciendo. Sarlo enfatizaba que “Buenos Aires ha crecido espectacularmente en las dos primeras décadas del siglo XX”, lo que permitía una nueva forma de ver la ciudad y su literatura.
La idea de “Criollismo urbano vanguardia” fue uno de los conceptos que surgieron en sus clases, donde se mezclaban referencias a la tradición literaria argentina, como Martín Fierro, con una mirada hacia lo nuevo y lo urbano. Este enfoque permitía una relectura de la literatura argentina a la luz de las corrientes vanguardistas internacionales, lo que enriquecía el análisis literario y cultural.
En un episodio memorable, Sarlo fue invitada a un programa de radio que se transmitía de manera informal desde pequeñas emisoras. Durante este encuentro, se le preguntó sobre un texto que había sido analizado en clase, y su respuesta fue una crítica instantánea que sorprendió a los presentes. Este tipo de interacción con los estudiantes reflejaba su estilo directo y su compromiso con la enseñanza.
A lo largo de su carrera, Sarlo ha continuado explorando la intersección entre política y cultura. En una entrevista reciente, se refirió a su libro “Pasión y excepción”, donde analiza la figura de Eva Perón y su relación con la historia argentina. En este trabajo, Sarlo examina la ejecución de Aramburu y cómo este evento ha sido interpretado en la narrativa nacional. Ella sostiene que “no condené el asesinato en su momento, pero lo repudio”, lo que muestra su compleja relación con la historia y la política.
Sarlo ha enseñado a pensar de manera crítica, cruzando datos y disciplinas, y ha sido una voz influyente en la generación que creía en la posibilidad de un cambio radical en la política argentina. En sus reflexiones sobre la muerte y la lucha, ha afirmado que “la lucha es tu propia muerte. La muerte es trascendente”, lo que subraya la profundidad de su pensamiento y su compromiso con la causa política y cultural.