Los Ángeles enfrenta una crisis devastadora debido a incendios forestales que han dejado hasta el momento un saldo de 10 víctimas fatales y 180,000 personas bajo orden de evacuación obligatoria. La catástrofe ha arrasado con más de 29 acres, lo que equivale a aproximadamente 11,757 hectáreas, una superficie que supera la mitad de la Ciudad de Buenos Aires.
La situación ha sido descrita por los evacuados como caótica. Sofía Martínez, una joven argentina que llegó a Estados Unidos hace un año, compartió su experiencia: “Fue muy, muy rápido. Es agarrar tu mochila, la ropa que tenés puesta, tus documentos y dejar la casa como estás, a buena Dios”. Martínez se encuentra evacuada desde el martes, cuando comenzaron los incendios en la zona de Brentwood, que está cerca del primer foco de fuego en Pacific Palisades.
Los bomberos aún no han determinado la causa de esta catástrofe, según lo informado por la agencia AP. Sin embargo, las pérdidas económicas ya están siendo evaluadas. La empresa AccuWeather estimó que los daños podrían oscilar entre 135,000 y 150,000 millones de dólares. El costo medio de las propiedades afectadas supera los tres millones de dólares.
Las autoridades han tomado medidas drásticas, evacuando colegios en áreas con alta concentración de personas y cerrando barrios. Una mujer de 22 años relató: “Fue catastrófico, porque la gente no podía bajar de las colinas. Empezaron a salir autos corriendo”. El martes, sonó la alarma de emergencias en los celulares, advirtiendo a los residentes sobre la situación crítica. Por la tarde, la situación se tornó más grave y se recibió la indicación de guardar pertenencias ante la posible expansión del fuego. A las 5 p.m., la urgencia de evacuar se hizo evidente, y Martínez decidió trasladarse a casa de una amiga en la misma ciudad.
En este momento, hay cinco focos activos de incendio: Palisades, Eaton, Kenneth, Hurst y Lidia. La situación es crítica. Una amiga de Martínez, también argentina, ha perdido su hogar, que fue devorado por la intensidad del fuego. “Está en shock”, comentó Martínez. Además, el exfiscal Luis Moreno Ocampo publicó un video en el que relató que su vivienda en Malibú “desapareció”.
Martínez también mencionó que “lo peor han explotado estaciones de servicio, prendieron casas, autos. Entonces, tenemos que usar barbijos N95 para salir”. Según el servicio gubernamental AirNow, el índice de calidad del aire se ha registrado en 161, un valor que se encuentra dentro del rango considerado “insalubre”, que va de 151 a 200. Como resultado, escuelas y universidades han decidido cancelar clases.
Los evacuados enfrentan otras dificultades, como la imposibilidad de bañarse o tomar agua de la canilla: “No hay agua potable”. A pesar de la adversidad, Martínez destacó la solidaridad de la comunidad argentina: “Gracias a la comunidad argentina, nos ayudamos un montón. Muchos se han ofrecido como voluntarios para hacer centros de refugiados”. Un grupo en Facebook llamado “Argentinos en Los Ángeles” normalmente organiza “mateadas”, fiestas y partidos de fútbol, pero en estas circunstancias predominan los mensajes de ayuda mutua y contención.
Néstor Fantini, otro argentino atrapado en Los Ángeles, llegó a la ciudad en 1990 después de haber residido en Canadá. Fantini fue un detenido político durante la última dictadura militar en Argentina y estuvo encarcelado en la Unidad Penitenciaria Nº 1, el mismo lugar donde, en 1976, 31 personas fueron ejecutadas. Fantini comentó: “Esto es devastador, incluso para los parámetros de California. Estamos acostumbrados a desastres naturales como terremotos e inundaciones, pero a este nivel no se ha experimentado aquí antes, al menos en el sur de California”.
Desde su residencia, se puede observar una línea gris de humo en el horizonte. Fantini mantiene encendidos purificadores de aire en su hogar. “Las grandes corporaciones de seguros están considerando que esto es riesgoso. Yo tengo algunos dolores de cabeza para volver a conseguir seguro, y en algunos casos tienen las mismas protecciones”, lamentó.
Anabella, la nieta de Fantini, junto a su madre, se encuentra en una zona afectada por el Eaton Fire: “Toda el área está completamente destruida. Toda la escuela donde pasé todos mis años de primaria, quedó absolutamente nada”. Fantini recordó otra tragedia de características similares, el terremoto de Northridge, que sacudió la región en 1994. “Aquel sismo de magnitud 6.7 dejó 57 muertos y provocó un impacto devastador en la región. Parecía que había un esfuerzo logístico para tratar de responder a la crisis. La pasamos feo, teniendo que dormir en un parque y mandando a los chicos en avión a San Diego para que se queden con familiares”, rememoró.
Carla Deheza, otra mujer afectada, trabaja como aupair, un programa para jóvenes que se encargan del cuidado de niños a cambio de alojamiento y una pequeña remuneración. Ella se encuentra justo en medio de los focos de incendio y ha tenido que salir al exterior debido a la ceniza. Su familia en Argentina está preocupada por su seguridad y se pregunta si debería regresar. “Es una cuarentena. Es difícil, uno nunca sabe dónde llegar y significa estar atento día y noche, pendiente de los bolsos armados y con dudas”, relató mientras se encuentra en plena evacuación.

