La próxima edición del Mundial de Fútbol 2026 se presenta como un evento lleno de desafíos, tanto en el ámbito deportivo como en el político. Este torneo, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, marcará un hito al contar con un nuevo formato que incluye a 48 equipos divididos en 12 grupos, lo que promete un aumento en el número de partidos y, por ende, en los ingresos económicos. Sin embargo, surge la pregunta de si este cambio realmente mejorará la calidad del espectáculo futbolístico.
La inclusión de más selecciones permitirá la participación de equipos que nunca antes han competido en un Mundial, como Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán. Aunque la emoción de estos debutantes es palpable entre sus jugadores y aficionados, para los seguidores neutrales, como en Chile, puede resultar complicado entusiasmarse con selecciones que carecen de una rica tradición futbolística. Este aumento en la cantidad de participantes podría llevar a una fase de grupos menos emocionante, donde los equipos más fuertes se enfrenten a rivales de menor nivel, generando una sensación de previsibilidad que podría deslucir el torneo hasta que se inicien las fases eliminatorias.
En el ámbito político, varios de los conflictos más tensos parecen haber sido mitigados. Ucrania aún tiene posibilidades de llegar a la fase final, mientras que Rusia sigue excluida del torneo y Israel no logró clasificar. Por otro lado, Irán sí participará, a pesar de haber amenazado con boicotear el sorteo en Washington debido a disputas relacionadas con visados.
El papel de Estados Unidos como principal anfitrión también añade una capa de complejidad. La relación entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha suscitado comentarios, especialmente dado que Infantino ha estado más presente en Estados Unidos que en México o Canadá. Trump ha expresado críticas hacia algunas sedes que considera “bastiones liberales”, como Boston y Seattle, lo que plantea la posibilidad de que, en un escenario extremo, amenace con retirar partidos como un gesto político. Tal acción podría acarrear complicaciones logísticas y de imagen para la FIFA, aunque podría quedarse en meras palabras.
El Mundial de 2026, con su nuevo formato y el trasfondo geopolítico, se presenta como un experimento que podría tener repercusiones significativas tanto para la FIFA como para el evento más importante del fútbol mundial. Con la mesa servida, el torneo está a la vuelta de la esquina, y el mundo del deporte espera con expectación cómo se desarrollará esta nueva edición.

