El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, ha respondido recientemente a la propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, que sugiere la expulsión de los palestinos de la Franja de Gaza y su reubicación en otros países. En sus declaraciones, Türk enfatizó que cualquier forma de deportación o transferencia forzada de personas sin un fundamento legal es estrictamente prohibida, subrayando que el derecho internacional es claro al respecto. “La autodeterminación es un principio fundamental y debe ser protegida por todos los Estados, como la Corte Internacional de Justicia ha subrayado recientemente”, afirmó Türk. Además, destacó que el sufrimiento de la población en el Territorio Palestino Ocupado y en Israel ha sido insoportable, y que es necesario avanzar hacia una nueva fase que garantice la paz y la seguridad para palestinos e israelíes, basada en la dignidad y la igualdad.
Estas declaraciones de Türk se produjeron en el contexto de los comentarios de Trump sobre su visión para la Franja de Gaza. Durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump propuso que Estados Unidos asumiera el control de Gaza, se encargara de su territorio y lo reconstruyera. Cuando se le preguntó sobre la posibilidad de que los palestinos regresaran a Gaza, Trump sugirió que “el pueblo del mundo viviría allí, en un lugar internacional, increíble”. En cuanto a la participación de tropas estadounidenses en la toma de control de Gaza, Trump afirmó que “haremos lo que sea necesario”.
Las declaraciones de Trump han generado reacciones negativas tanto entre sus seguidores como entre sus aliados, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, su secretario de Estado, Marco Rubio, expresó que la propuesta de Trump de que Estados Unidos tome el control de Gaza podría ser vista como una oferta “muy generosa” para la reconstrucción y desarrollo del territorio palestino, que ha sido devastado por la guerra.
Para muchos palestinos y otros observadores, los planes propuestos por Trump son considerados como un intento de limpieza étnica, buscando expulsar a los palestinos de la tierra que consideran su hogar, especialmente tras la ofensiva de 15 meses de Israel contra Hamás, que ha dejado gran parte de Gaza inhabitable. Además, se percibe como un intento de poner fin a la lucha de los palestinos por un Estado, una causa que cuenta con un amplio apoyo internacional.
En este contexto, Benjamin Radd, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de California en Los Ángeles, abordó tres preguntas clave sobre las declaraciones de Trump. Primero, se cuestionó si la propuesta de Trump representa una posición sincera o si es una táctica de negociación. Radd sugirió que podría ser un intento de influir en Arabia Saudita, que ha manifestado que solo reconocerá a Israel si se establece un Estado palestino. También podría ser un mensaje para Hamás, que ha afirmado que no cederá el control de Gaza. La amenaza de que Estados Unidos podría desplazar a Hamás de Gaza podría ser un factor que influya en su posición.
En segundo lugar, se analizó el posible impacto de las declaraciones de Trump en las negociaciones entre Israel y Hamás, así como en la liberación de rehenes y prisioneros. Radd indicó que las declaraciones de Trump podrían ejercer presión sobre Hamás para acelerar la liberación de prisioneros, priorizando aquellos que Israel ha solicitado. Sin embargo, también destacó que no existe un plan claro para el “día después”, ni para la reconstrucción de Gaza, ni para el papel que jugarían Hamás u otros elementos de la Autoridad Palestina en el futuro de Gaza.
Por último, se discutió cómo los comentarios de Trump podrían afectar los derechos de los refugiados palestinos. Radd señaló que en Gaza hay una gran cantidad de explosivos sin detonar que representan una amenaza real para la población. La reconstrucción no puede llevarse a cabo hasta que se eliminen estas amenazas, lo que complicará el regreso de los palestinos a sus hogares. Además, las declaraciones de Trump plantean dudas sobre la coherencia de su propuesta con el reconocimiento previo de Estados Unidos del derecho de los palestinos a poseer y gobernar su propia tierra. La idea de que Estados Unidos pueda simplemente tomar posesión de Gaza carece de precedentes y plantea interrogantes sobre qué naciones intervendrían para evitar tal acción, si se intentara llevar a cabo.


