
El USS Nimitz, uno de los superportaaviones nucleares más emblemáticos de la Armada de Estados Unidos, ha estado involucrado en una serie de incidentes trágicos que resaltan los peligros que enfrentan los marineros, incluso en tiempos de paz. A pesar de ser considerado un símbolo del poderío militar estadounidense, su historial operativo revela que un simple error humano o una falla técnica pueden tener consecuencias devastadoras.
Uno de los episodios más notorios ocurrió en 1981, frente a las costas de Florida, cuando un avión EA-6B Prowler perdió el control durante un aterrizaje nocturno. Este accidente resultó en un choque con otras aeronaves estacionadas, provocando explosiones mortales de combustible. En lo que se conoce como la “noche de terror en llamas”, 14 tripulantes perdieron la vida y se registraron daños por 60 millones de dólares, exacerbados por un fallo en el sistema contra incendios AFFF, que no funcionó durante tres minutos críticos, limitándose a arrojar agua de mar sobre las llamas.
El peligro volvió a acechar al USS Nimitz en 1988, mientras navegaba por el Mar Arábigo. Durante un mantenimiento rutinario, un error humano llevó al disparo accidental de un cañón de 20 milímetros de un avión A-7E Corsair, lo que provocó un incendio masivo al impactar proyectiles incendiarios en un KA-6D Intruder. Este incidente resultó en la muerte de dos marineros y afectó a seis aeronaves, lo que llevó a la reescritura de los manuales de mantenimiento y manejo de armas del buque.
En 1996, durante la crisis del Estrecho de Taiwán, el USS Nimitz enfrentó otro grave incidente. Un cable de acero diseñado para frenar los aviones se rompió bajo presión, causando que el cable se deslizara a gran velocidad por la cubierta, lo que resultó en la mutilación de cuatro operadores y la muerte instantánea de un marino.
Estos eventos subrayan una dura realidad para los estrategas militares contemporáneos: no es necesario que un enemigo hunda un portaaviones para neutralizarlo; un simple incendio o un accidente en la cubierta puede paralizar todas las operaciones de vuelo táctico del buque.