La Consultora SPEC & Galilei ha presentado un informe sobre el Sistema Eléctrico en 2025, destacando el notable crecimiento de los Sistemas de Almacenamiento con Baterías (BESS) en Chile, que han incrementado su capacidad en un 230% desde enero de 2025. Este avance es comparable al crecimiento de la energía solar entre 2015 y 2016, lo que subraya la rápida evolución de esta tecnología en el país.
El informe indica que el aporte de los sistemas de almacenamiento se aproxima a igualar la generación de unidades diésel durante años secos. En términos de volumen, los BESS inyectaron 1,97 TWh en 2025, lo que representa un 2% de la matriz energética, en contraste con los 0,55 TWh del año anterior. Este aumento en la capacidad de almacenamiento es crucial para la gestión de la variabilidad en la generación de energía, alcanzando picos de carga de entre 1.400 y 1.700 MW, especialmente durante las horas del mediodía.
Además, el informe resalta que la implementación de sistemas de almacenamiento ha permitido trasladar parte de la energía solar generada durante el día para su uso en la noche, aunque se ha observado una disminución en la proporción de vertimiento respecto a la generación solar total durante octubre y noviembre, gracias a la incorporación de nuevas unidades de almacenamiento.
En lo que respecta a los precios de la energía, el documento señala que la tecnología BESS actúa como un “seguro de precio” operativo. Los precios capturados por estos sistemas son más altos y volátiles en comparación con la generación eólica y solar, mostrando un rango de precios que varía significativamente. Por ejemplo, se registraron máximos de hasta US$139/MWh en el norte durante los meses de abril a junio, mientras que en septiembre los precios se situaron entre US$50 y US$70/MWh. El informe concluye que, en situaciones de mayor estrés o dispersión intradiaria, las baterías logran monetizar mejor su capacidad.
Este crecimiento en la capacidad de almacenamiento y su impacto en la generación y precios de energía refleja una tendencia hacia una mayor flexibilidad en el sistema eléctrico chileno, lo que podría ser clave para la transición energética del país.

