La muerte del líder estudiantil y aspirante a diputado Sharif Osman Hadi ha desatado una ola de violencia en Bangladés, donde seguidores incendiaron sedes diplomáticas y medios de comunicación, generando caos en la capital. Hadi, de 32 años, falleció el jueves en un hospital de Singapur tras sufrir un disparo en la cabeza el 12 de diciembre en Daca, mientras viajaba en un “rickshaw” y fue atacado por pistoleros en moto.
La escalada de violencia se produjo la noche del jueves, tras confirmarse su muerte, y se considera un punto crítico en una semana marcada por tensiones diplomáticas con India. El Gobierno interino de Bangladés ha calificado los disturbios como un “sabotaje” destinado a desestabilizar las elecciones programadas para febrero. Las acusaciones de Daca contra Nueva Delhi por albergar a la ex primera ministra Sheikh Hasina en el exilio han reavivado un sentimiento antiindio en las calles.
Durante las protestas, los manifestantes atacaron las sedes de los periódicos Prothom Alo y The Daily Star, acusándolos de favorecer a India. Estos ataques resultaron en incendios y daños significativos, lo que llevó a la intervención de los servicios de emergencia y a un apagón mediático. Por primera vez en su historia, The Daily Star, el principal diario en inglés del país, no publicará su edición impresa debido a la destrucción de equipos clave.
El jefe del Gobierno interino, Muhammad Yunus, expresó su tristeza por los ataques a los medios y aseguró que el Estado protegerá a la familia de Hadi. En su discurso, Yunus se refirió a Hadi como un “mártir en la lucha contra la hegemonía”, en alusión a la supuesta injerencia extranjera.
Las protestas continuaron de manera más pacífica el día siguiente, aunque los manifestantes han amenazado con intensificar sus acciones hasta que se haga justicia por la muerte de Hadi. La policía ha ofrecido una recompensa de 5 millones de takas (aproximadamente 42.000 dólares) por información sobre los atacantes y ha reportado 392 detenciones. La situación de violencia y descontento social plantea serios riesgos para la estabilidad de Bangladés a menos de dos meses de unas elecciones cruciales que se anticipan como un hito en su transición democrática.

