El 12 de febrero es una fecha de gran relevancia para Chile, ya que no solo conmemora la fundación de Santiago, sino que también se recuerda la proclamación de la Independencia de España. A pesar de su importancia histórica, la atención de las festividades patrias en el país se centra mayormente en el 18 de septiembre, día en que se celebra la Primera Junta de Gobierno, un evento que marca el inicio del proceso de emancipación nacional. Sin embargo, surge la pregunta: ¿por qué en Chile no se celebra la Independencia de la misma manera que en otros países?
Razones del desinterés por el 12 de febrero
La respuesta a esta cuestión es compleja y multifacética. Según Paulina Peralta, historiadora y autora del libro ‘¡Chile tiene fiesta!’, el 18 de septiembre comenzó a celebrarse de manera espontánea desde el año siguiente a la Primera Junta, con un primer aniversario celebrado en 1811.
No obstante, esta no es la única razón que explica el desinterés por el 12 de febrero. Existen también factores económicos que han influido significativamente. En el contexto del siglo XIX, en Chile se celebraban tres festividades importantes: el 12 de febrero, que conmemora la Batalla de Chacabuco y la proclamación de la Independencia; el 5 de abril, en honor a la Batalla de Maipú; y el 18 de septiembre, que recuerda la Primera Junta de Gobierno.
Peralta señala que “mantener tres fiestas en un año era muy costoso” y añade que, en particular, la celebración del 12 de febrero podía causar “daños tanto a nivel público como de particulares o privados”.
Impacto en las actividades agrícolas
La historiadora explica que muchas veces la celebración en febrero interrumpía las labores agrícolas y ganaderas que se llevaban a cabo en las haciendas durante el verano. En esa época, muchas personas que residían en las ciudades y pueblos se trasladaban a sus haciendas, lo que dejaba a los servicios públicos sin funcionarios disponibles para organizar las festividades.
Además, el 12 de febrero coincidía con el carnaval o, en su defecto, con el inicio de la cuaresma, en una sociedad que era bastante religiosa. Esto generaba el riesgo de que la celebración se postergara, lo que a su vez podía hacer que se perdiera el sentido de la festividad.
Peralta también menciona que el 18 de septiembre tiene la ventaja de coincidir con el inicio de la primavera, un periodo en el que la comunidad comenzaba a salir de sus casas tras el invierno. Esto contrasta con el 12 de febrero, que no contaba con la misma afluencia de público debido a las faenas agrícolas y la coincidencia con el carnaval.
Factores políticos y el legado de O’Higgins
Otra de las teorías que se presentan en torno a la falta de celebración del 12 de febrero está relacionada con factores políticos. Según Alfredo Jocelyn Holt, historiador, esta fecha está fuertemente vinculada a Bernardo O’Higgins y a su doble gesta, tanto militar como simbólica, en los años 1817 y 1818. Este contexto sugiere un posible deseo de borrar el legado de O’Higgins, quien es considerado el padre de la patria.
Peralta también destaca que el 12 de febrero, tanto en la Batalla de Chacabuco como en la proclamación de la Independencia, tuvo una participación significativa del gobierno de Buenos Aires. En esos años, existía una concepción más americanista de las naciones, que con el tiempo se tornó más nacionalista, pasando de hablar de una patria americana a patrias más singulares.

