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Rusia se distancia de Irán: no intervendrá militarmente a pesar de la alianza estratégica y los ataques de EE.UU. e Israel

Rusia opta por no intervenir en el conflicto iraní para proteger su economía.
Rusia opta por no intervenir en el conflicto iraní para proteger su economía.

Rusia ha adoptado una postura cautelosa respecto al conflicto en Irán, a pesar de su alianza con el país persa, tras los recientes ataques de Estados Unidos e Israel.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó el jueves que Rusia no tiene intención de intervenir en el conflicto, señalando que “la guerra en curso no es nuestra guerra”. Peskov subrayó que cualquier guerra podría desestabilizar la región y que Rusia prioriza minimizar el impacto de las convulsiones globales en su economía. Esta declaración se produce en un contexto donde medios como The Washington Post han reportado que Rusia está proporcionando a Irán información de inteligencia sobre las fuerzas y activos militares estadounidenses.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha expresado su apoyo “inquebrantable” a Irán, especialmente tras la elección de Mojtaba Jamenei como sucesor de su padre, Ali Jameneí. A pesar de la creciente tensión, la reacción de Rusia ante los bombardeos de Estados Unidos e Israel fue moderada; condenó las operaciones y abogó por el respeto a la soberanía iraní, pero descartó cualquier intervención directa.

Las relaciones entre Rusia e Irán se han fortalecido en los últimos años, particularmente después de la invasión rusa a Ucrania. En enero de 2025, ambos países firmaron un Tratado de Asociación Estratégica Integral, y en septiembre acordaron la construcción de cuatro plantas nucleares en Irán por un valor de 25.000 millones de dólares. Tras los ataques a instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado, Rusia se mostró dispuesta a colaborar con Teherán para recuperar sus capacidades nucleares.

Sin embargo, la investigadora Mira Milosevich del Real Instituto Elcano ha señalado que la relación entre Rusia e Irán es “instrumental, no existencial”, sugiriendo que Moscú no defenderá a Irán en un conflicto de alta intensidad. Aunque ambos países comparten el objetivo de limitar la influencia occidental, Rusia no desea que Irán se convierta en una potencia autónoma en regiones que considera vitales para su seguridad.

Rusia también tiene otros intereses en Medio Oriente, incluyendo la coordinación con productores de petróleo en el Golfo, lo que complica su cooperación militar con Irán. La guerra en Ucrania ha cambiado el panorama, ya que Rusia ha diversificado sus proveedores de armamento y ha comenzado a producir drones localmente, reduciendo su dependencia de Irán.

El portavoz Peskov también mencionó que Estados Unidos está “ocupado con otros asuntos”, refiriéndose a sus esfuerzos por negociar una salida a la guerra en Ucrania. La escalada en Irán ha comenzado a afectar los precios del petróleo, que superaron los 100 dólares por barril, lo que representa una preocupación para el Kremlin, dado que los hidrocarburos son la principal fuente de financiamiento de su esfuerzo bélico.

A pesar de su reticencia a involucrarse directamente en el conflicto, Rusia reconoce que una desestabilización profunda de Irán podría debilitar el “eje antioccidental” y socavar sus propios intereses económicos. Irán es un socio clave para Rusia, permitiéndole evadir sanciones. El ministro de Energía ruso, Serguéi Tsivilev, reafirmó la intención de continuar la cooperación económica con Teherán, asegurando que las áreas de colaboración no se detendrán a pesar de los desafíos actuales.

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