Un fragmento de la torta nupcial de la boda entre la reina Isabel II y el príncipe Felipe fue subastado por 2.200 libras (aproximadamente 2.800 dólares). Este trozo de pastel, que data de hace más de setenta años, fue hallado por la familia de Marion Polson, quien fue ama de llaves en el Palacio de Holyroodhouse. La porción de pastel había sido guardada en una maleta que se encontraba debajo de su cama. Este dulce, que se conserva desde la ceremonia de 1947, logró mantenerse en su caja original.
La entonces princesa Isabel obsequió este trozo de pastel a Polson como un gesto de agradecimiento por su servicio durante la boda real. Tras el fallecimiento de Polson, su familia descubrió la pieza en condiciones excepcionales. A principios de este año, sus descendientes decidieron contactar a la casa de subastas Reeman Dansie para ofrecer esta reliquia al mejor postor.
Características únicas del pastel real
Este pastel, que alcanzaba una altura de 2,7 metros y pesaba alrededor de 230 kilos, fue apodado la “tarta de las diez mil millas”. Su elaboración incluyó frutas secas provenientes de Australia y fue macerado en ron y brandy de Sudáfrica, lo que contribuyó a su notable conservación. El diseño del pastel presentaba emblemas de ambas familias reales y decoraciones que simbolizaban los pasatiempos de los novios, convirtiéndolo en un emblema de la unión real.
Valor histórico y cultural del trozo de pastel
El valor de este trozo de pastel trasciende su condición de postre en mal estado, ya que representa un fragmento de la historia británica y un recuerdo de una época marcada por el racionamiento y la austeridad. En un contexto donde crear una tarta de tales dimensiones era un verdadero lujo, su valor se encuentra en la conexión con la monarquía y en su excepcional estado de conservación, un hecho que sorprendió a muchos.
Este evento subraya la importancia de los objetos históricos y su capacidad para evocar momentos significativos en la historia, así como el interés que generan en el mercado de subastas.

