Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se perfila como uno de los principales candidatos para suceder a António Guterres en la Secretaría General de las Naciones Unidas. Su candidatura se destaca no solo por su amplia experiencia en el ámbito de la energía nuclear y la diplomacia, sino también por la expectativa de que un representante de América Latina asuma el cargo, en un contexto donde la región nunca ha liderado la organización bajo la tradición de rotación geográfica.
Nacido en Buenos Aires en 1961, Grossi ha desarrollado una carrera de más de 40 años caracterizada por su rigor técnico y su participación en algunos de los escenarios más complejos del sistema internacional. Se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina y posee posgrados en Relaciones Internacionales e Historia del Graduate Institute de Ginebra. Ingresó al servicio exterior en 1985 y ha ocupado roles clave en organismos internacionales, incluyendo la jefatura de gabinete del OIEA y de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.
En 2019, Grossi hizo historia al convertirse en el primer latinoamericano en dirigir el OIEA, un organismo que tradicionalmente ha sido liderado por europeos y asiáticos. Durante su mandato, ha presidido el Grupo de Proveedores Nucleares, ha conducido la conferencia que resultó en la Declaración de Viena sobre Seguridad Nuclear y ha liderado la revisión del Tratado de No Proliferación en un contexto de creciente tensión global.
Su notoriedad aumentó considerablemente durante la guerra en Ucrania, donde encabezó misiones en la planta de Zaporiyia, ocupada por fuerzas rusas. Su insistencia en establecer una zona de protección en la planta lo ha posicionado como un interlocutor clave frente a los riesgos nucleares. Además, ha enfrentado presiones políticas significativas, como las amenazas recibidas desde Irán tras las denuncias del OIEA sobre actividades nucleares no declaradas.
Con un enfoque que combina precisión técnica y audacia diplomática, Grossi llega a esta candidatura respaldado por una trayectoria que lo ha consolidado como uno de los funcionarios internacionales más influyentes de su generación. Su liderazgo ha sido destacado en tiempos de transformación, así como su defensa de la dignidad humana y su contribución al diálogo entre la Iglesia, la academia y la sociedad, en un contexto que demanda mayor cohesión y responsabilidad pública.

