La captura de Nicolás Maduro en la “Operación Resolución Absoluta” ha generado una fuerte reacción internacional, especialmente de sus aliados estratégicos, quienes han condenado la intervención militar de Estados Unidos y exigido la liberación inmediata del presidente venezolano.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia ha calificado la detención de Maduro como un “secuestro” y una “agresión armada” contra un Estado soberano. En un comunicado oficial, el gobierno ruso ha demandado a Washington que aclare de manera “inmediata” el paradero de Maduro y su esposa, Cilia Flores, advirtiendo que tales acciones violan los principios fundamentales del derecho internacional. La cancillería rusa, encabezada por Serguéi Lavrov, ha calificado de “insostenible” cualquier justificación que presente la administración de Donald Trump para respaldar esta operación, instando a buscar una solución al conflicto en Venezuela a través del diálogo y rechazando el uso de la fuerza para derrocar gobiernos.
Por su parte, el Ministerio de Exteriores de China ha expresado su “profunda consternación” ante los ataques militares y la detención de Maduro. Un portavoz del ministerio ha calificado la operación como un “uso descarado de la fuerza” y un “comportamiento hegemónico” que pone en riesgo la paz y la seguridad en América Latina. Pekín ha exigido formalmente a Estados Unidos que garantice la seguridad de Maduro y Flores, demandando su liberación inmediata y el cese de los intentos de derrocamiento. El canciller Wang Yi ha enfatizado que ningún país debe actuar como “policía del mundo” y que la crisis en Venezuela debe resolverse mediante la negociación, en respeto a la Carta de las Naciones Unidas.
La situación en Venezuela ha escalado en tensión tras la intervención militar, y los aliados de Maduro continúan presionando por su liberación y el establecimiento de un diálogo pacífico para resolver la crisis política en el país sudamericano.

