Estados Unidos llevó a cabo un operativo inusual en Caracas, Venezuela, el 3 de enero, que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes actualmente se encuentran detenidos en una prisión de Brooklyn, Nueva York. Los primeros informes sobre explosiones en la capital venezolana comenzaron a las 03:00 horas, tiempo chileno, y varios testigos reportaron la presencia de aviones estadounidenses sobrevolando la ciudad, lo que confirmaba el inicio de la operación.
El despliegue militar de Estados Unidos ha sido calificado como uno de los más significativos en la región, destacando el uso de un amplio arsenal aéreo que incluyó helicópteros, aviones de combate y drones. Según el Pentágono, el operativo movilizó alrededor de 150 aeronaves, entre las que se encontraban los cazas F/A-18E/F Super Hornet y EA-18G Growler de Boeing, así como los avanzados F-35 Lightning II y F-22 Raptor de Lockheed Martin. También participaron bombarderos como el E-2D Advanced Hawkeye y el B-1 de Northrop Grumman.
La operación no solo tenía como objetivo la captura de Maduro, sino que también buscaba demostrar el poderío militar de Estados Unidos ante otras potencias, como China. La misión se desarrolló sin que se reportaran bajas entre las tropas estadounidenses, lo que fue elogiado por el expresidente Donald Trump.
Expertos han señalado que el uso de capacidades de vigilancia durante el operativo permitió una mayor libertad de maniobra a las aeronaves, lo que contribuyó al éxito de la misión. La captura de Maduro ha generado un gran revuelo en la comunidad internacional y ha reavivado el debate sobre la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de otros países.
Este evento se produce en un contexto de creciente tensión en la región, donde la situación política en Venezuela ha sido objeto de atención mundial. La detención de Maduro y su esposa podría tener repercusiones significativas en la política interna de Venezuela y en las relaciones internacionales del país.

