La administración de José Antonio Kast enfrenta desafíos significativos tras su elección, evidenciando tensiones internas en la coalición de gobierno.
Desde su victoria en las elecciones presidenciales el 14 de diciembre, Kast ha optado por un modelo de “colaboración política” en lugar de formar una coalición oficialista, lo que ha comenzado a mostrar sus repercusiones. En su primera comunicación con los partidos políticos, el presidente electo descartó la creación de una gran alianza entre las diversas facciones de la derecha que apoyaron su candidatura. En consecuencia, su gabinete está compuesto mayoritariamente por independientes, mientras que el Partido Nacional Libertario se ha distanciado del gobierno y otros partidos como Evópoli y Demócratas han sido disueltos por el Servel.
A pesar de la falta de una coalición formal, Chile Vamos, que incluye a Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI), ha continuado operando como una entidad unida. Sin embargo, el Partido Republicano, que representa a Kast, se ha mantenido firme en su postura de no establecer alianzas. Esta decisión ha generado dificultades en la gestión del gobierno, especialmente en la comunicación y la coordinación de políticas.
Recientemente, el gobierno ha enfrentado críticas por su manejo de la crisis del aumento de los combustibles, conocido como el “bencinazo”, que ha llevado a Chile Vamos a presentar propuestas legislativas en paralelo a las del Ejecutivo. Esto ha creado confusión y desorden en el Congreso, obligando al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, a instar a los partidos a ser cautelosos, argumentando que las finanzas públicas no permiten comprometer más ayudas sociales.
La vocera de Gobierno, Mara Sedini, ha sido objeto de críticas por errores en la comunicación y la percepción de debilidad en la gestión del gobierno. Según una encuesta de Cadem, el 60% de los encuestados considera que el aumento de los combustibles era evitable, lo que contrasta con el mensaje oficial del gobierno.
Además, la comparecencia del director de la Policía de Investigaciones (PDI), Eduardo Cerna, ante la Comisión de Seguridad ha generado inquietud. Cerna deberá aclarar o desmentir las afirmaciones de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, sobre la remoción de Consuelo Peña, exjefa de inteligencia. El senador Andrés Longton ha sugerido que, si Cerna contradice a Steinert, Kast debería considerar su destitución.
A pesar de la falta de coordinación entre los partidos, se ha mantenido un comité político ampliado que incluye al presidente, sus ministros y los líderes de los partidos. Guillermo Bustamante, analista de la Universidad de los Andes, señala que esta instancia es crucial ante los primeros desafíos internos. Bustamante también advierte que el apoyo a Kast se basó en una lógica electoral, sin un acercamiento político genuino entre las distintas facciones de la derecha, lo que ha llevado a que los matices ideológicos persistan.
Rodrigo Meléndez, subdirector Ejecutivo de Res Publica, añade que la situación actual se ve agravada por la reciente elección presidencial, donde Kast compitió contra otros candidatos de su sector, y por el cambio en la correlación de fuerzas entre la derecha tradicional y la nueva derecha. Meléndez sostiene que la decisión de no formar una coalición de gobierno no fue un error, ya que las relaciones entre Kast y el resto del espectro político son diferentes a las del pasado reciente en Chile.
En este contexto, la administración de Kast se enfrenta a un panorama complejo, donde las tensiones internas y la falta de una estrategia de comunicación clara podrían afectar su capacidad para gobernar de manera efectiva.

