A días del lanzamiento de la serie “Alguien tiene que saber” en Netflix, la familia de Jorge Matute Johns ha expresado su descontento, argumentando que la producción reabre heridas emocionales aún no sanadas. La serie, que se basa en la desaparición del joven en 1999 tras salir de la discoteca La Cucaracha, ha suscitado críticas por parte de sus allegados, quienes consideran que se está comercializando su historia de manera inapropiada.
María Teresa Johns, madre de Jorge, manifestó su rechazo al tratamiento del caso en la serie, afirmando que “desde que empezó esta serie, el show de esta serie, fue violento hacia mi familia y siempre ha sido violento hacia mí”. A pesar de que el nombre del protagonista ha sido modificado, la familia sostiene que las referencias al caso son evidentes. “Aunque no vea la serie, las imágenes van a estar circulando”, comentó, subrayando el impacto emocional que ha tenido en ella la reaparición del caso en el ámbito público.
La madre de Jorge expresó su preocupación por el uso de la historia de su hijo, señalando: “Me preocupa que lucren con mi dolor y que no lo dejen descansar en paz”. A pesar de su confianza en la imagen de su hijo, la reactivación del caso ha revivido un periodo de incertidumbre y sufrimiento para la familia. “Alguien tiene que saber”, concluyó, reflejando su deseo de que se esclarezca la situación.
La serie “Alguien tiene que saber” se estrenará el 15 de abril y contará con un total de ocho episodios. La producción, que ya ha lanzado su tráiler, presenta un elenco destacado que incluye a Paulina García y Alfredo Castro, entre otros actores nacionales. La narrativa se centra en la desaparición de un joven que conmocionó a la comunidad, abordando el tema desde una perspectiva dramática y de ficción.
La sinopsis oficial de la serie describe cómo tres destinos se entrelazan en torno a la desaparición: una madre que se niega a rendirse, un detective que lucha contra el olvido y un sacerdote que guarda un secreto crucial para la investigación. La producción fue realizada por la productora chilena Fábula y se filmó en diversas locaciones de Concepción y Santiago, buscando ofrecer una narración que combine el misterio y los lazos humanos en torno a un hecho sin resolver.

